Padre psicópata

Realizada por Alberto x v · 14 jul 2026 Problemas psicológicos

Hola, ¿Es normal que un padre que no se relaciona con sus hijos, grite inventando una conversación con un hijo para inocularle miedo al subconsciente? Suena a paranoia, pero mi padre fue autoritario siempre, y siempre me sentía afectado por él. Después descubrí que los gritos que daba, los daba como a una tercera persona cuando estaba cerca mío, a consciencia para que me afectase pero de forma encubierta para que yo no tuviese consciencia plena sobre lo que estaba ocurriendo. Luego reforzaba el miedo y la sumisión que inoculaba mediante dos o tres gritos más al ambiente, luego se quedaba callado durante unos minutos, monitoreándome para saber si yo ya estaba sumiso y dominado por sus ideas. Esto lo hizo toda la vida y lo encubría con los gritos al perro. Después de yo comprender que me estaba destruyendo de forma perversa y encubierta, intenté seguir sumiso para que no notase nada, pues aún así se dio cuenta y se quedó en la cama dos días de bajón al perder la influencia sobre mi. Cabe decir que yo en esa época trabajaba la mitad del día, me levantaba más o menos pronto y hacia alguna cosa cuando estaba libre. ¿Es normal que una persona destruya a otra de esa forma tan maquiavélica por control o por que no se ha hecho todo lo que él dice? Gracias.

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Mejor respuesta 19 JUL 2026

Hola Alberto!!
Lo que relatas transmite una vivencia de mucho sufrimiento y de haber crecido en un entorno donde predominaban el miedo, el control y la incertidumbre. Independientemente de cuál fuera la intención real de tu padre, es comprensible que hayas sentido que sus conductas tenían un impacto muy profundo sobre ti.

Hay varios aspectos que merece la pena diferenciar:
Si un padre utiliza los gritos, la intimidación, el autoritarismo o el miedo para controlar a un hijo, eso puede constituir una forma de maltrato psicológico. Este tipo de dinámicas pueden dejar secuelas importantes en la autoestima, la seguridad y la forma de relacionarse con los demás.

La interpretación de que los gritos iban dirigidos indirectamente hacia ti, aunque aparentaran ser para otra persona o incluso para el perro, puede ser coherente con una experiencia repetida en la que aprendiste a estar constantemente vigilante ante sus reacciones. Muchas personas que han crecido en ambientes impredecibles desarrollan una gran sensibilidad para detectar señales de amenaza.
Sin embargo, no es posible afirmar con certeza que tu padre actuara con un plan consciente para "inocular miedo al subconsciente" o que monitorizara deliberadamente tus reacciones con ese objetivo. Esa puede ser tu percepción basada en muchos años de experiencia, pero desde fuera no podemos confirmar la intención exacta de otra persona.

Lo que sí parece claro es que describes un patrón de:
Autoritarismo y necesidad de control.
Uso del miedo como forma de ejercer poder.
Comunicación indirecta y ambigua.
Consecuencias emocionales importantes para ti.

También mencionas que, cuando sentiste que dejabas de estar bajo su influencia, observaste un cambio importante en él. Es posible que algunas personas que han basado la relación con sus hijos en el control reaccionen con malestar cuando perciben que lo están perdiendo. Eso no demuestra necesariamente una intención maquiavélica, pero sí puede formar parte de una dinámica relacional muy disfuncional.

Una pregunta que puede ser más útil terapéuticamente que intentar averiguar exactamente qué pasaba por la mente de tu padre es:
¿Cómo ha influido esa forma de relacionarse en la persona que eres hoy?
Explorar aspectos como:
¿Sigues sintiendo miedo ante figuras de autoridad?
¿Te cuesta poner límites?
¿Estás siempre pendiente de las reacciones de los demás?
¿Sientes culpa cuando priorizas tus propias necesidades?

Responder a estas preguntas suele ayudar más a la recuperación que intentar demostrar cuáles eran las intenciones de quien ejercía el control.

En terapia sería importante validar el daño emocional que sufriste, diferenciar hechos de interpretaciones sobre la intención de tu padre y trabajar las secuelas que esa dinámica haya podido dejar, como la hipervigilancia, la ansiedad, la sumisión aprendida o la dificultad para confiar en tu propio criterio.

Lo más importante de tu relato no es si tu padre actuaba de manera "maquiavélica" en un sentido estricto, sino que tú viviste una relación marcada por el miedo y el control, y ese impacto merece ser reconocido y elaborado terapéuticamente.

Un saludo
Germán Navarro Sánchez
Psicólogo General Sanitario

Germán Navarro Sánchez Psicólogo en Alquerías

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6 AGO 2026

Hola, en absoluto es normal, es una forma enfermiza de proceder típica de un narcisista: la manipulación. Con la información que aportas no se puede concluir que sea una psicopatía, aunque tenga rasgos psicopáticos. La persona narcisista necesita tener el control y el poder para protegerse del profundo miedo que tiene a no ser amado y sufrir. pero siendo incapaz de reconocer su propia necesidad, eso implicaría vulnerabilidad, trata de someter, controlar y ejercer poder sobre los demás para estar siempre por encima y que no le puedan hacer daño, un daño que se imagina como consecuencia de sus experiencias tempranas.

Pablo López Fuentes Psicólogo en Valencia

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28 JUL 2026

Lo que describes debió de ser una experiencia muy angustiante y es comprensible que todavía hoy intentes encontrar una explicación a lo que viviste. Crecer en un ambiente donde predominan los gritos, el miedo y la sensación de estar constantemente vigilado puede dejar una huella profunda en la autoestima, la seguridad y la forma de interpretar las relaciones. Independientemente de cuál fuera la intención de tu padre, el impacto emocional que tuvo sobre ti merece ser reconocido.

Ahora bien, conviene ser prudentes al interpretar sus motivaciones. A partir de lo que cuentas no es posible afirmar que actuara siguiendo un plan consciente para "inocularte miedo" o que monitorizara deliberadamente tus reacciones con ese objetivo. Es posible que fuera una persona muy autoritaria, controladora o con grandes dificultades para regular sus emociones, y que utilizara los gritos o un clima de intimidación como forma de ejercer poder dentro de la familia. También es posible que algunas de las interpretaciones que haces hoy estén influidas por el esfuerzo de dar sentido a una historia de sufrimiento. Ninguna de estas posibilidades puede confirmarse sin conocer con más detalle el contexto.

Desde una perspectiva cognitivo-sistémica, lo más relevante no es tanto determinar si existía un plan "maquiavélico", sino comprender cómo ese entorno fue configurando tu manera de sentir y relacionarte. Cuando un niño crece anticipando constantemente el enfado o la desaprobación de una figura de autoridad, puede desarrollar un estado de alerta permanente, aprender a someterse para evitar el conflicto o sentirse responsable del estado emocional del otro. Estos patrones suelen mantenerse en la vida adulta incluso cuando la amenaza ya no está presente.

También mencionas que, cuando dejaste de reaccionar como antes, percibiste un cambio importante en tu padre. Es posible que, si estaba acostumbrado a ejercer el control mediante el miedo, cualquier modificación en esa dinámica alterara el equilibrio familiar. Sin embargo, atribuir con certeza el motivo de su reacción excede lo que puede concluirse a partir de un relato.

Mi recomendación sería que, más que intentar confirmar cuál era exactamente la intención de tu padre, centres el trabajo terapéutico en comprender cómo aquella experiencia sigue influyendo en tu vida actual. Elaborar esa historia, revisar las creencias que surgieron en aquel contexto y fortalecer una sensación de seguridad interna suele ser mucho más reparador que encontrar una explicación definitiva sobre el comportamiento del otro. El hecho de que hoy puedas cuestionar esas dinámicas y reflexionar sobre ellas ya indica que has empezado a salir del lugar de sumisión en el que creciste, y ese es un paso muy importante hacia una forma de relacionarte más libre y saludable.

Ricardo Pagliara Psicólogo en Puente Tocinos

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28 JUL 2026

Hola Alberto,

Quiero empezar por reconocer el valor de lo que acabas de compartir. No es fácil poner en palabras años de una relación tan compleja con tu padre, y menos aún cuando una parte de ti teme que, al contarlo, suene exagerado o poco creíble. No suena a paranoia: suena a la memoria de alguien que pasó mucho tiempo aprendiendo a leer las señales de un entorno que sentía impredecible y amenazante.

Cuando un niño crece rodeado de gritos, tensión y autoritarismo, es muy habitual que desarrolle una sensibilidad enorme para detectar peligro, incluso en gestos que en apariencia no iban dirigidos a él, como esos gritos "al perro" o "a otra persona". Eso no es una distorsión tuya, es el resultado lógico de haber vivido en alerta constante durante mucho tiempo. Tu cuerpo y tu mente aprendieron a anticiparse a algo que sentían como una amenaza real, y ese aprendizaje no desaparece solo porque hayas crecido o te hayas ido de esa casa.

Ahora bien, me gustaría acompañarte a mirar esto desde un ángulo que, con el tiempo, suele aliviar más que atormentar: no podemos saber con total certeza qué pasaba exactamente por la cabeza de tu padre, si de verdad calculaba cada gesto con la intención precisa de "programar" tu subconsciente, o si actuaba movido por su propia necesidad de control, su inseguridad o su forma (muy dañina, eso sí) de relacionarse con los demás. Y honestamente, esa certeza no es imprescindible para tu proceso de sanación. Lo que sí es innegable, porque lo has vivido en carne propia, es que creciste bajo un patrón de autoritarismo, miedo y comunicación ambigua que te dejó sin herramientas para sentirte seguro, y que eso tuvo consecuencias reales en cómo te relacionas contigo mismo y con el mundo.

Hay un detalle en tu relato que me parece especialmente revelador: cuando él notó que dejabas de estar bajo su influencia, se quedó dos días en la cama, hundido. Esto puede decirnos algo importante, no tanto sobre una estrategia maquiavélica planeada al detalle, sino sobre alguien cuya propia estabilidad emocional dependía de mantener el control sobre ti. Eso no minimiza el daño que te causó; al contrario, ayuda a entender que probablemente él también estaba, a su manera, atrapado en su propia forma de relacionarse, sin que eso te exima a ti de haber sufrido las consecuencias.

Por eso, en terapia, más que intentar demostrar cuáles eran exactamente sus intenciones, suele ser mucho más sanador dirigir la mirada hacia ti: ¿te sigue costando relajarte ante figuras de autoridad? ¿te cuesta decir que no o poner límites sin sentir que algo malo va a pasar? ¿te sorprendes a menudo pendiente de cómo reaccionarán los demás antes de atreverte a expresar lo que realmente quieres? ¿aparece la culpa cuando te permites priorizarte a ti mismo? Estas preguntas suelen abrir un camino de trabajo mucho más útil que la búsqueda de certezas sobre la mente de otra persona.

El proceso terapéutico buscaría, sobre todo, validar el daño que viviste, ayudarte a separar los hechos de las interpretaciones sobre las intenciones de tu padre sin que eso reste ni un ápice de legitimidad a tu dolor, y trabajar sobre las huellas que esa dinámica haya podido dejar en ti: la hipervigilancia, la ansiedad, la sumisión aprendida o la dificultad para fiarte de tu propio criterio.

Al final, lo más importante de todo lo que cuentas no es si tu padre actuó con una maldad calculada al milímetro, sino que tú creciste en una relación marcada por el miedo y el control, y ese impacto merece ser escuchado, validado y trabajado con el cuidado que se merece.

Un saludo
Mayte Gallego-
Psicóloga General Sanitaría

Mayte Gallego Psicólogo en Collado Villalba

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22 JUL 2026

Hola, Alberto.

Gracias por compartir una experiencia tan personal. Se percibe que no solo buscas una explicación sobre el comportamiento de tu padre, sino también comprender el efecto que tuvo en ti durante tantos años.

Cuando un niño crece con una figura de apego impredecible, autoritaria o intimidante, su sistema nervioso aprende a mantenerse en un estado constante de alerta. Con el tiempo, deja de ser necesaria una amenaza directa: basta un tono de voz, un silencio, un portazo o unos gritos para que el cuerpo se prepare automáticamente para el peligro. Este es un mecanismo de adaptación muy frecuente en personas que han vivido relaciones marcadas por el control o el miedo.

En cuanto a si tu padre actuaba de forma consciente para influir en ti, es algo que no podemos confirmar a partir de un relato escrito. Sin embargo, conocer su intención no es imprescindible para validar el impacto que describes. En psicología sabemos que una dinámica sostenida de intimidación, control o comunicación ambigua puede generar consecuencias como las que mencionas: hipervigilancia, miedo, necesidad de anticiparse a las reacciones del otro y una sensación persistente de sumisión.

Es habitual que quienes han crecido en este tipo de entornos dediquen mucho tiempo a intentar responder a la pregunta: “¿Por qué lo hacía?”. Aunque es una inquietud comprensible, en terapia suele resultar más útil dirigir la atención hacia otra cuestión: “¿Qué efecto tuvo en mí y cómo puedo dejar de vivir condicionado por ello?”.

Comprender el origen del sufrimiento es importante, pero el proceso de recuperación comienza cuando dejas de organizar tu vida en función del miedo aprendido y empiezas a recuperar la sensación de seguridad, autonomía y confianza en tu propio criterio.

Si estas experiencias siguen teniendo peso en tu vida actual, un proceso terapéutico con un profesional especializado en trauma relacional puede ayudarte a comprender lo vivido, integrar esa historia y reducir la huella que aún pueda estar presente.

Te mando un abrazo.

Ruth Ruiz
Psicóloga General Sanitaria

Ruth Ruiz Psicólogo en Alicante

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22 JUL 2026

Hola. Lamento mucho por todo el sufrimiento y la sobrecarga que has tenido que llevar durante tanto tiempo.

Crecer en un entorno donde predomina la rigidez, el autoritarismo o la falta de claridad en las relaciones genera un desgaste emocional inmenso. Cuando la convivencia se vuelve fría, intimidante o confusa, es completamente natural que nuestro cuerpo y nuestra mente aprendan a estar en estado de alerta permanente, intentando interpretar cada gesto, grito o silencio para sentirse a salvo.

No estás loco/a ni es "paranoia" sentir que esas dinámicas te afectaban profundamente: las formas de control en la infancia y juventud calan hondo y condicionan la manera en que nos vinculamos, nuestra sensación de libertad y nuestra paz interior.

Desde la psicología integrativa entendemos que, más allá de intentar descifrar la mente o las verdaderas intenciones de la otra persona —lo cual suele consumir una enorme cantidad de energía y mantenernos atrapados en el pasado—, el verdadero cambio empieza cuando ponemos el foco en ti y en tu protección.

Lograr darte cuenta de este malestar y querer marcar un límite, aunque sea interno, es un paso de enorme valentía para recuperar tu autonomía. Ahora, el camino pasa por sanar las respuestas de miedo que se quedaron guardadas en tu cuerpo, devolverte la calma en el presente y reconstruir la seguridad en tu propia vida.

Mereces vivir en un entorno de paz, respeto y serenidad. Si sientes que es el momento de soltar este peso y empezar a construir tu propio bienestar lejos de esa sombra, estaré encantada de acompañarte en este proceso.

Te envío un abrazo muy cálido y mucha fuerza,

Daniela

Daniela Nadal Abihaggle Psicólogo en Valencia

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20 JUL 2026



Hola Alberto cómo estás?

Antes de nada, quiero decirte que lamento que hayas vivido una experiencia que recuerdas como tan angustiante. Independientemente de cuál fuera la intención de tu padre, si durante años has sentido miedo, tensión, hipervigilancia o la sensación de que cualquier momento podía convertirse en una situación amenazante, es completamente comprensible que hoy te preguntes qué ocurrió y que intentes darle un sentido.

Por lo que cuentas, describes un ambiente en el que percibías gritos, autoritarismo y una forma de relacionarse que te hacía sentir controlado, asustado y sometido. Crecer en un entorno donde predomina el miedo o la imprevisibilidad puede tener un impacto importante en el desarrollo emocional. Muchas personas que han vivido este tipo de experiencias aprenden a estar continuamente pendientes del estado de ánimo de sus padres, de sus gestos, del tono de voz o de cualquier señal que les permita anticipar un posible conflicto. Esto genera un estado de alerta constante que puede mantenerse incluso en la edad adulta.

Respecto a si es "normal" que una persona haga eso de manera deliberada para destruir psicológicamente a otra, la respuesta es que no podemos saberlo con certeza sin conocer el contexto completo ni escuchar a todas las partes implicadas. Desde fuera no es posible afirmar cuáles eran las intenciones reales de tu padre o si actuaba de forma consciente para provocarte ese efecto.

Lo que sí es importante es no centrar toda la atención únicamente en averiguar qué pretendía él, sino también en cómo te afectó a ti. En psicología sabemos que el impacto que una conducta tiene sobre una persona puede ser muy significativo, independientemente de que exista o no una intención consciente de hacer daño.

En algunas familias existen estilos educativos muy autoritarios, controladores o intimidatorios, donde el miedo acaba utilizándose como una forma de mantener la obediencia. En otras ocasiones puede haber formas de comunicación indirectas, comentarios lanzados "al aire", gritos o conductas ambiguas que hacen que quien las recibe se sienta confundido y dude incluso de su propia percepción. Cuando esto sucede de forma repetida, la persona puede terminar cuestionándose constantemente si lo que siente es real o si está exagerando, y esa duda genera mucho sufrimiento.

También comentas que, cuando sentiste que ya no tenía la misma influencia sobre ti, interpretaste un cambio importante en su comportamiento. Es comprensible que hayas intentado encontrar una explicación a ese momento. Sin embargo, es importante diferenciar entre aquello que observaste objetivamente y las interpretaciones que hacemos para intentar comprender lo sucedido. A veces necesitamos construir una narrativa que explique años de dolor, pero esa explicación no siempre puede confirmarse como un hecho.

Quizá una pregunta que puede ayudarte más que intentar responder qué ocurría en la mente de tu padre sea: ¿cómo ha influido esta experiencia en mi vida actual? ¿Te cuesta poner límites? ¿Sientes miedo al conflicto? ¿Necesitas la aprobación de los demás? ¿Estás siempre pendiente de cómo reaccionan las personas? Estas consecuencias sí pueden trabajarse y aliviarse.

Si todavía hoy estas vivencias siguen generándote angustia, confusión o mucho malestar, sería recomendable abordarlas en un proceso terapéutico. Poder revisar tu historia en un espacio seguro, comprender cómo te afectó y reconstruir una sensación de seguridad interna suele ser mucho más reparador que intentar demostrar cuáles fueron exactamente las intenciones de quien ejerció ese control.

Lo más importante es recordar que nadie merece crecer sintiendo miedo de manera constante. Independientemente del nombre que reciba esa dinámica o de las motivaciones de quien la ejercía, tus emociones son válidas y merecen ser escuchadas y comprendidas.

En caso de necesitarlo, estaré encantada de ayudarte. Cuídate mucho, un abrazo.

Amaya Marcos, psicóloga general sanitaria, M-31115

Amaya Marcos Psicólogo en Madrid

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20 JUL 2026

Hola Alberto, encantada de saludarte.
Gracias por compartir tu vivencia de forma tan detallada y reflexiva; sé que no es fácil poner en palabras dinámicas familiares tan complejas y dolorosas.

Para responder directamente a tu pregunta: no, no es una dinámica normal ni saludable. La descripción de un patrón recurrente de control, intimidación implícita o formas encubiertas de manipulación dentro del ámbito familiar refleja dinámicas caracterizadas por el abuso emocional y la necesidad constante de dominación o poder.

Respecto a lo que mencionas sobre tu vivencia de estas situaciones:

Efecto de la manipulación encubierta: Cuando crecemos bajo dinámicas autoritarias donde el clima es hostil o impredecible, es completamente esperable que el sistema nervioso se mantenga en un estado de hipervigilancia constante (monitoreando ruidos, cambios de humor o intenciones del progenitor).

Interpretación de la intención: Es frecuente que, al intentar procesar y dar sentido al impacto de esas vivencias en la adultez, surja la duda de si lo vivido fue algo deliberadamente calculado o si responde a patrones severamente disfuncionales de personalidad en la otra persona. Independientemente de la mecánica exacta del comportamiento de tu padre, lo verdaderamente significativo es el impacto real que ese ambiente de hostilidad y control tuvo sobre tu bienestar, tu sensación de seguridad y tu autonomía.

Tu proceso de toma de conciencia: El momento en que identificas que una dinámica te resulta perjudicial y comienzas a poner límites (incluso internos) suele ser un punto de inflexión. Es natural que el entorno o la persona que ejercía el control reaccione con malestar o alejamiento cuando se pierde el poder sobre la relación.

Si estás buscando procesar el impacto que todo esto ha tenido en tu historia personal y en tus relaciones actuales, un espacio de terapia individual puede ser de gran ayuda para reparar esas heridas, validar tus vivencias y construir límites saludables.

Quedo a tu disposición si deseas agendar una consulta o si necesitas orientación sobre cómo iniciar un proceso terapéutico.
Un saludo cordial.
Rocío

Rocío Rubio Rueda Psicólogo en Murcia

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16 JUL 2026

Hola, Alberto. Gracias por compartir tu experiencia. Se percibe que esta situación te ha generado mucho malestar y que intentás comprender lo que viviste durante muchos años con tu padre.

Desde mi enfoque de trabajo, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), creo que es importante ser prudentes a la hora de interpretar las intenciones de otra persona. Es posible que hayas vivido una dinámica familiar marcada por el autoritarismo, el miedo o el control, y eso puede dejar una huella emocional muy profunda. Sin embargo, afirmar con certeza que alguien actuaba con una intención específica o que monitoreaba deliberadamente tus reacciones requiere información que no siempre es posible conocer.

Más allá de cuál haya sido la intención de tu padre, lo que sí parece claro es que creciste en un ambiente donde te sentías intimidado, hipervigilante y condicionado por sus conductas. Y ese impacto emocional merece ser atendido, independientemente de cómo se expliquen sus comportamientos.

Muchas personas que han crecido en entornos familiares muy autoritarios desarrollan una gran sensibilidad a las reacciones de quienes los rodean, aprendiendo a estar constantemente atentos al tono de voz, los gestos o los cambios de humor como una forma de anticiparse al conflicto. Ese estado de alerta puede mantenerse incluso en la vida adulta.

Si este fuera un caso que recibiera en consulta, trabajaría principalmente en identificar cómo esas experiencias han influido en tus creencias sobre vos mismo, en tu sensación de seguridad y en la forma en que hoy interpretás determinadas situaciones. El objetivo no sería demostrar qué intención tenía tu padre, sino ayudarte a disminuir el impacto que esas vivencias siguen teniendo en tu presente.

También sería importante explorar si estas interpretaciones aparecen únicamente en relación con tu padre o si se extienden a otros vínculos, ya que eso puede aportar información valiosa para comprender el problema y abordarlo de la mejor manera.

Y quiero remarcar algo: no es raro que quienes han vivido durante años en contextos de miedo o control intenten darle sentido a lo que ocurrió y busquen explicaciones para entender su sufrimiento. Justamente para eso existe el acompañamiento psicológico.

Más allá de cómo puedan interpretarse las conductas de tu padre, lo importante es que hoy puedas trabajar sobre las consecuencias que esas experiencias dejaron en vos, para que no sigan condicionando tu bienestar y tu forma de relacionarte con el mundo.

Tobias Ortells Privitera Psicólogo en Algorta

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16 JUL 2026

Estimado Alberto,

Te refieres a tu padre como un psicópata y es posible que tengas razón. Si este fuera el caso debes saber dos temas importantes, el primero es que el cerebro de un psicópata es diferente, y que su forma maquiavélica y su maldad no pueden ser reeducadas. Lo saben bien psicólogos y psiquiatras que tratan con estos psicópatas que han delinquido y están en entornos penitenciarios Por eso, si realmente es el caso debes alejarte lo más posible de una persona con este perfil. Te recomiendo mucho el libro de Vicente Garrido "El psicópata integrado" un catedrático experto en psicopatía que habla de este tipo de personas que a menudo viven integrados en familias, trabajos y política, pero son capaces de hacer mucho daño, y de cómo podemos protegernos ante este tipo de personas. Así que no te preguntes si es normal o no, simplemente es y es necesario aprender a protegerse de este tipo de personas.

El segundo tema importante a tener en cuenta es el de los aprendizajes que tu hayas podido realizar, inconscientemente, del rol de padre ante un padre así.. A veces estos aprendizajes afloran de forma inconsciente cuando luego somos padres y tenemos hijos. Si ves que te sucede cuando tu seas padre, seria bueno que en ese momento trabajares este aspecto con un psicólogo.

Esperando haberte aportado un poco de claridad, recibe un cordial saludo, Montse Cascalló - Psicóloga colegiada 29109.

Montse Cascalló Piqueras Psicólogo en Barcelona

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15 JUL 2026

Por lo que relatas, parece que has vivido durante mucho tiempo una relación que percibiste como controladora, intimidante y emocionalmente dañina. Es comprensible que esto te haya generado miedo, malestar y muchas preguntas sobre las intenciones...
Y el impacto emocional que generó en ti merece atención.

Más que preguntarnos si tu padre actuó de manera "maquiavélica", puede ser útil explorar cómo te afectó esa dinámica familiar, qué emociones te generaba y cómo influye hoy en tu bienestar. Si estas experiencias siguen provocándote angustia o preocupación asistir a terapia podría ayudarte a comprenderlas mejor y procesarlas de una manera más saludable.

Gracias por compartir algo tan personal.

Gemma Pou Alés Psicólogo en Mataró

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