Acceso centros Añade tu centro gratis

¿Pensamientos recurrentes de suicidio tras el duelo?

Realizada por José María · 23 abr 2018 Duelo

26 años. Hombre. Soltero. Sin historial clínico.


Resulta que conocí a una mujer hace más cinco años. Nos conocimos “por accidente”, puesto que ella y yo no solíamos ser personas que les guste intimar; ocurre que por el grado de estudio que llevaba para ese entonces me vi obligado a realizar una obra de socialización (alfabetización) en poblaciones rurales, y fue allí donde la conocí. Eramos el uno y el otro de distintos institutos así que jamás, para el momento, nos habíamos visto antes, pero, de nuevo, obligadamente tuvimos que coincidir bajo esas circunstancias para realizar nuestro cometido. En fin, y para no hacerles perder el tiempo en vacuidades, nos planteamos la idea de ser pareja a los 6 meses de conocernos; durante ese periodo la conocí, primero por la circunstancias practicas que ya mencioné, luego, de verdad, porque me interesó. Mientras pasaban esos 6 meses, supe que ella y yo “eramos parecidos” debido a que compartíamos un entorno familiar similar, ella era hija de la primera relación que sostuvo su padre con lo que sería su madre ya fallecida y, a su vez y por esto último, vivía en el mismo hogar que formó su padre con otra mujer y otros hijos tras la muerte ya mencionada de su madre (mi caso es el mismo, sólo que yo, por el contrario, soy hijo de la segunda relación de mi madre). Sí, seré sincero, fue esto lo que hizo que gustara de ella; me veía, de alguna manera, identificada con ella. Cuando ella me comentaba que su juventud “fue un tormento” fruto de la estructura de su hogar, yo sentía que me “quitaba las palabras de la boca”, porque sí, efectivamente, sentía que “mi juventud también fue un tormento” por la misma razón. De hecho, consideré y aun considero que el motivo por el que ambos eramos igual de retraídos y sin gusto por el intimar es, precisamente, por nuestro pasado “en común”. Entre las similitudes, se podría decir, nos encontramos él uno al otro. Y sí, en efecto, era para ambos nuestra primera relación de noviazgo. Para el momento en que lo formalizamos, ella y yo teníamos 22 y 21 años respectivamente. Tuvimos una relación que podría caber en lo “normal”: respeto mutuo, comunicación, afecto y, como no, peleas esporádicas; cara al público nuestra relación la conocían un muy reducido grupo de personas pues resulta que ella y yo teníamos, como ya se imaginarán, familias pequeñas, sumado al hecho de no tener “amigos de confianza” (por cuestiones de trabajo, pues ambos estudiábamos y trabajábamos, sí que teníamos relaciones que podrían caber en la “amistad-laboral”) ya que, los dos, eramos “poco sociables”. Así fue por cuatro años… nos enamoramos muchísimo, descubrimos cosas nuevas el uno del otro. Hasta que, eventualmente, del amor que le tenía me figuré que sea mi mujer y formar una familia con ella. Es decir, lo obvio, pensé en sacar una pequeña casa a crédito bancario en la que vivir y sumar fuerza para trabajar en un bien en común: nosotros. Para cuando esa idea rondaba por mi cabeza, habré tenido 25 o escasos meses para cumplirlos. En fin, quería darle un sorpresa así que me dí a la tarea de buscar el mejor banco, la casa mas accesible, etc, pero en secreto. Sin embargo, inesperadamente, ella cambió. Bueno, no tan de repente, pasaba que ella solía tener estos cambios de humor una o dos veces al año. Ella lo atribuía a “sus traumas infantiles” —sí, así decía. Por lo general se quedaba acostada en la cama en posición fetal, dormía muchas horas y cuando se despertaba lo único que hacia era llorar, ni siquiera comía; no le gustaba mi compañía, me gritaba que me fuera, que quería estar sola, me lo repetía mucho cuando intentaba ayudarla; así por una semana y un poco más. Cuando entraba en esos trances me desesperaba, quería ayudarla pero no sabía como; le rogaba que me permitiera traerle un terapeuta a casa (esto sí lo hice, pero el señor me supo informar que no podría hacer nada si ella no hablaba y no tenía la voluntad pues se quedaba “muda”), que me dejara llevarla al medico, pero era inútil, en ese estado ella no entendía motivos. Lo único que podía hacer era permanecer en la habitación contigua y rezar, así hasta que saliera por sus propios pies que era lo que siempre ocurría. —Ahora que lo veo desde este momento de la historia, noto que me engañé a mí mismo; que no le dí la suficiente importancia a este suceso porque tenía miedo a que si lo hacía el problema se “haría real”, como si ignorarlo hiciera que este desapareciera. Vaya tontería—. Y cuando le preguntaba una vez salida del trance el porqué de todo, me era sincera y me decía que los sentimientos que le trae recordad su infancia la “sobrepasan” y le hacían sentirse “asfixiada”, como si no pudiera respirar y lo único que le quedara hacer es dormir. Aun así y más porque la entendía, le rogaba que fuéramos a terapia o al medico, pero notaba que cuando lo hacíamos ella se ponía peor pues, y ella mismo me lo contaba, pasó gran parte de su vida entre el psicólogos y el médicos por los problemas que tuvo al vivir como vivió. Decía que quería vivir, y que el hecho de volver a la rutina del psicólogo y el medico significaría regresar al pasado o incluso, como alguna vez me lo dijo, “revivirlo”. Yo la comprendía, y lo que mas quería es que viviera el presente conmigo; que enterrara el pasado y que se dedicara a cumplir sus metas futuras... Así que cedí, nos juramos permitirnos este gran problema para que ella no reviviera su pasado a costa de su salud. Desde luego, fue difícil, pero valía la pena saber que por el costo de un breve momento de angustia, ella tendría más tiempo de vivir en el futuro —o bueno, eso pensaba entonces. Y para mí mejor, porque quería hacer mi futuro con ella. Es decir, como ya mencioné, comprar una casa y pedirle ser mi mujer. Pero de nuevo, cuando me lo plantee, justo tuvo otra de sus recaídas (de eso ha de ser un año para la actualidad). Esta última vez fue peor que las otras, parecía que no tenía fuerzas ni para llorar, se quedaba en silencio en la cama, no se movía, ni siquiera iba al baño (tampoco hacia sus necesidades en la cama, pues paso en ayuno) y cuando le hablaba no me respondía, ni me gritaba como lo solía hacer. Pensé: “ya se le quitará, como siempre”. Se me ocurrió que lo mejor que podía darle para cuando se recuperara sería la buena noticia de que compré una casa y que quería que se casara con migo. Así que como ya tenía las cosas necesarias resueltas en un banco, entre uno de los días en los que recayó me fui a sacar el crédito hipotecario de la casa que iba a comprar con la ilusión de que después de todo lo ocurrido era lo mejor que le podía dar. En efecto, la dejé y salí al banco a terminar lo que en secreto hice para darle la sorpresa. No me demoró mucho pues tenía las cosas adelantadas desde hace un par de meses. Regresé donde ella a lo que por ese entonces era un mi pequeño cuarto de estudiante en el que vivía gracias al trabajo y a la ayuda de mi madre. Bueno, seré breve pues me cuesta recordar esto y de verdad quiero escribirlo: la encontré muerta. Ella había comprado veneno para ratas, y parece ser que se las tomó junto con un vaso de agua. Yo llegué muy tarde evidentemente, aún así salí a gritos hacía la calle mientras la amarcaba en brazos, la subí en un taxi y la llevé al hospital más cercano. Allí me informaron que había muerto. Ya no podía hacer nada. Sentía que el mundo se me venía abajo. La única persona con la que me identifiqué, la única persona que amé, murió. Obvio, al principio me eché la culpa; me repetía que “era mi culpa por no haberla ayudado”, que “soy responsable por no haber visto esto venir”. Como dije, hace eso un año. Durante ese año hasta la fecha de hoy pasé, pues, el infierno del duelo. Pero ahora puedo decir que lo superé; acepté que la perdí. Y sí, aún la amo, y no voy a dejar de hacerlo. Y también seré sincero, después de ella todo lo que llega a mi vida me parece opaco, incluido mujeres que han intentado pretenderme. Ya de por sí soy una persona apática, pero sumado al haber perdido al primer amor de mi vida, bueno, nada.


En fin, se que el texto es largo pero el contexto era necesario. Y es precisamente de esto de lo que va mi consulta. Después de todo lo que implicó conocerla, amarla y perderla, siento que estoy satisfecho. Es raro, pero siento que mi vida esta hecha, ya no deseo nada más. Es decir, después de haber experimentado estar con ella, siento que estoy realizado. ¿Recuerdan la casa que compré a crédito? Pues fue mi proyecto personal para trabajar en el duelo; arregle la casa, puse paredes por allí y por allá, tubería, electricidad, pintura, etc. Me sirvió para superarlo, porque en principio tenia tanta rabia que lo mejor que se me ocurrió fue usarla en algo que a ella le hubiera gustado. Sucede que este sentimiento fue germinando en mí mientras arreglaba la casa, y hace como una semana que terminé por arreglarla por completo. Y coincidió que junto con esto también, no sé como describirlo, sólo siento que es genuino y verdadero, sé que superé su muerte. Pero al terminar la casa, pensaba que me encontraría con un sentimiento de vació; pero no, al contrario, me siento repleto, me siento lleno, me siento realizado. Es extraño, pero siento tanta paz; y para mí es obvio, es porque siento que lo tuve todo en la vida, incluyendo este último episodio donde apareció ella. Es decir, sí, sufrí de joven, pero estoy agradecido de ello; como también sufrí su muerte, pero estoy tan agradecido por haberlo conocido; estoy tan agredido por haber vivido lo vivido. Quiero evitar las tautologías, pero no hallo más manera para expresar lo “hecho y realizado que me siento” ahora mismo. En definitiva, y ya para hablar de lo consulta, hace más de una semana que tengo recurrentes pensamientos suicidas. Quiero suicidarme, y no tengo miedo a morir. Es extraño, este sentimiento de ataraxia me conlleva a contemplar el suicidio como lo normal ante tanta felicidad y tanta paz que siento, como si suicidarme fuera lo obvio ante tal situación. En principio pensé que la idealicé a ella junto con su suicidio, y es por eso ahora que pienso alcanzarla al suicidarme. Pero no, yo la amo y la amé como era ella; jamás sería capaz de perturbar su belleza natural con mis idealizaciones. De hecho, la amo y todo, pero me amo más a mí mismo y a ella la considero como un paso fundamental en mi proceso de autorealización. Ahora que edifique esta casa donde estoy ahora escribiendo esto, siento que llegué a mi última fase, que este es mi último estadio, que alcancé mis deseos. De verdad, quiero morir, siento tanta paz. Ya no hay nada en el mundo para mí, porque ya lo tengo todo. Incluso ahora al terminar de escribir esto, estoy llorando, no de pena o tristeza, sino de felicidad por mí mismo.


Ahora sí, en fin (no sé cuantas veces lo dije), mi consulta va más o menos por: ¿antes de suicidarme, que de verdad lo planeo hacer, debo consultar con un psicólogo y contarle esto mismo para que me valore (en efecto, si escribo esto es porque lo considero) o es simplemente parte del duelo? Y sí no lo hice antes es porque yo, al igual que ella, pasé gran parte de mi vida entre psicólogo y psicólogo; quería vivir su partida y sentía que estar con alguien más sólo me iba a llevar, como diría ella, a revivir el pasado. Así que no, en el proceso de duelo no fui al psicólogo sino que lo hice sólo, pero no es nada nuevo, como ya expliqué arriba mi padre murió cuando yo era joven, y ahí si que necesité ayuda externa, así que sé de que va.


Espero que lo hayan leído. Adiós.

Respuesta enviada

En breve comprobaremos tu respuesta para publicarla posteriormente

Ha habido un error

Por favor, inténtalo de nuevo más tarde.

Mejor respuesta 25 ABR 2018

Hola José María:

Lamento mucho todo lo que nos cuentas, y a la vez admiro mucho tu valentía al hacerlo.

Desde el respeto hacia tus decisiones y sentimientos, te invitaría a contactar con un psicólogo que pueda ofrecerte alternativas para reconstruir tu vida de nuevo sin tu pareja, y que no impliquen quitarse la vida. Hay muchas opciones, y te pediría que las contemplaras y valoraras antes de tomar una decisión final que por desgracia no tiene vuelta atrás.

Espero que sigas mi consejo y consigas solucionar las dificultades por las que atraviesas. Te deseo lo mejor y quedo a tu disposición para cualquier cosa que necesites.

Un abrazo,

Patricia Sánchez Psicología

Patricia Sánchez Rubio. Psicóloga General Sanitaria Psicólogo en Alicante

90 respuestas

74 votos positivos

Hace terapia online

Contactar

¿Te ha resultado útil?

¡Gracias por tu valoración!

Psicólogos especialistas en Duelo

Ver más psicólogos especializados en Duelo

Otras consultas sobre Duelo

Explica tu caso a nuestros psicólogos

Haz tu consulta de forma anónima y recibe orientación psicológica en 48h.

50 Es necesario escribir 12550 carácteres más

Tu pregunta y sus respuestas se publicarán en el portal. Este servicio es gratuito y no sustituye a una sesión de terapia.

Enviaremos tu consulta a expertos en el tema que te ofrecerán llevar tu caso personalmente.

El precio de la sesión de terapia no es gratuito y estará sujeto a las tarifas del profesional.

El precio de la sesión de terapia no es gratuito y estará sujeto a las tarifas del profesional.

Introduce un apodo para mantener tu anonimato

Tu consulta está siendo revisada

Te avisaremos por e-mail cuando esté publicada.

Esta consulta ya existe

Por favor, utiliza el buscador para conocer la respuesta

psicólogos 10650

psicólogos

preguntas 12550

preguntas

respuestas 34050

respuestas