Problemas con la vida.

Realizada por jcbodoque · 19 feb 2021 Terapias de adultos

Hola. Soy Elisa, tengo 22 años. Tal vez sea un poco largo, pero creo que necesito explicar toda mi situación. Hace muchos años que vengo arrastrando una angustia que no puedo superar por más que intente, y creo que cada vez se hace peor, al punto de que cada vez que tengo una de estas crisis (cada vez más frecuentes) la idea del suicidio pasa a ser algo más viable, una opción que muchas veces tengo que evaluar antes de llegar a la conclusión de que no lo voy a hacer para no lastimar a mi familia, pero temo que algún día eso ya deje de importarme. Mis problemas se refieren a varios ámbitos de mi vida, así que voy a separarlos por puntos.

Social: mi vida social es básicamente inexistente. En la escuela primaria tuve amigas, la pasé bien, me iba bien y era feliz. En secundaria, al no conocer a nadie, no pude hacer amigos por mi cuenta. Los primeros días recuerdo estar de pie en el patio inmóvil, paralizada, sin poder hablar con nadie. Me sentí muy mal. Por suerte mi hermana mayor me presentó a una amiga suya que estaba en mi clase, y nos hicimos algo así como amigas, aunque nunca tuve una conversación real con ella y después del liceo perdí todo contacto. Bueno, en secundaria entonces logré hacerme de un grupito de amigas, pero fueron amistades muy superficiales. Nunca tuve a nadie con quien hablar en serio. En cierto punto me cambié de instituto, y nuevamente a empezar. Ahí sí que no hice ninguna amistad. Mis problemas para hablar con otros empeoraron, recuerdo una vez que había que hacer un trabajo en grupo y yo no estaba en ningún grupo, entonces para hablar con una compañera para pedirle si me dejaba participar de su grupo ensayé en mi mente palabra por palabra lo que iba a decir, me levanté de mi lugar, fui a donde ella estaba, recité lo que había ensayado (sudando frío) y, al recibir el sí, me di media vuelta y regresé a mi lugar. La única persona que considero un amigo que aún conservo fue un compañero con el que hacíamos las tareas, resultó en una bonita relación aunque nunca tuvimos una salida ni una conversación fuera de las del liceo. Hoy no nos vemos, solo hablamos ocasionalmente por whatsapp, y es de las pocas cosas que me mantienen viva. Cuando terminé el liceo y entré a la facultad creí que todo sería más fácil, que al estar con gente con mis intereses sería más fácil encontrar a alguien como yo con quien hablar y compartir, pero no fue así. Siento que me rechazan, que soy diferente. Tengo muchas situaciones que podría contar para ejemplificar el tormento que vivo en la facultad. Por ejemplo, uno de los primeros días, me junté con una compañera y fuimos a comer. No me salía ni una palabra. No sabía qué decir. No podía moverme, no sabía cómo actuar. Pasaron como cinco minutos, muy incómodos. Yo casi no podía soportarlo, y notaba que ella no me soportaba tampoco. En eso pasa un grupo de compañeros, y ella me invita a ir con ellos. No pude decir que sí, dije no (como si prefiriera estar sola) y ella, con una mirada de “bueno, tú te lo pierdes” se fue con ellos y me dejó ahí, sola. Me sentí aliviada, pero a partir de ese día estuve sola siempre. En parte prefiero estar sola porque sé que realmente la paso mal con la gente, pero no me gusta estar sola. Me gustaría tener amigos, tener lo que ellos tienen, apoyo mutuo, salidas, diversión… yo no tengo nada de eso. Otra situación de las peores que he vivido sucedió hace un año en un congreso, al que todos mis compañeros y profesores asistieron. Era una semana, y entre todos alquilamos una casa para quedarnos. No puedo describir la sensación de estorbo, incomodidad, inmovilidad, incapacidad de decir una palabra que tuve. Estar todos juntos en la cocina, ellos conversando de sus cosas, y yo ahí, parada en un rincón (sin siquiera tener el valor para sentarme), mirando el celular (sin tener nada que mirar), no poder comer… y luego en el congreso, prácticamente se olvidaban de mí. Siempre estaba sola y nadie me buscaba, nadie me invitaba a su mesa a comer, y como yo no tenía el valor de sentarme en la mesa junto a nadie, no comía. Me iba a caminar, lejos, caminaba kilómetros haciendo tiempo hasta la siguiente parte del congreso. Recuerdo caminar al lado de una autopista, y recuerdo que llorando tenía que reprimir con gran dificultad mis impulsos para no tirarme frente al próximo auto que pasara. Si no iba a caminar me encerraba en el baño… igual que como hacía en la facultad entre las clases… no resistí más y me tuve que ir antes de que terminara el congreso. Agarré mis cosas y me tomé el primer ómnibus hasta la casa de mi madre. Obviamente nadie se preguntó por qué me había ido. En fin, no soy capaz de tener una conversación con nadie, ni de hablar naturalmente con nadie (en especial en grupos con mucha gente o a solas con gente mayor que yo), ni de comer con otras personas, ni de siquiera sentarme en frente a otras personas. A veces siento que no merezco estar entre ellos, que no soy enteramente humana, por como me tratan y por cómo me siento con ellos.

Familiar: con mi hermana nos hemos peleado periódicamente desde que éramos niñas. Supongo que es normal, pero a mí me afectó muchísimo. Perdí la confianza en mí misma al hacer ciertas cosas (desde el día que me dijo que tocaba horrible el violín – estaba aprendiendo recién – durante mucho tiempo no pude tocar si otras personas estaban escuchando, y eso retrasó muchísimo mi aprendizaje y hasta me hizo odiar el instrumento), pasaba noches enteras llorando y culpándome luego de tener una discusión, me echó del cuarto una vez y tuve que dormir en el piso (dormíamos en el mismo cuarto). Cuando crecí, en mi mente le perdoné todas esas cosas y aprendí a quererla más. Pero mis problemas no pararon, y mucho tiempo tuve una angustia (considero que es depresión, ya que desde esa época la arrastro hasta hoy) que al fin decidí a revelar a mis padres (hablo de hace unos cuatro o cinco años), pero justo en esa época a ella la diagnostican con depresión y la medican (su depresión surgió porque había sido diagnosticada con diabetes hacía unos años, y los doctores dicen que es normal tener depresión por eso). Esto me impactó, y no pude evitar enojarme. Estaba enojada porque, una vez más, ella se robaba mi lugar. Al fin me había decidido a hablar, luego de muchos años, y ella tomaba mi lugar. Mi madre notó mi enojo, y lo malinterpretó creyendo que quería llamar la atención. Yo también dirigí mi enojo hacia mi hermana reprochándole cosas, haciendo las cosas peor porque mi madre luego (aunque sin decirlo) me echó la culpa de su enfermedad, diciendo que debía entenderla y ayudarla (tenía razón, pero ¿quién me entendía y ayudaba a mí?). Pasé esa época en silencio sufriendo más que nunca, ya que no podía hablar porque creerían que solo quería llamar la atención… escribiendo esto se me vino a la mente otra situación, de mucho antes. Tal vez tendría 12 años, y estaba en una consulta anual con la pediatra. Una de las preguntas era sobre si me sentía bien conmigo misma. Por la cara que puse al decir “sí” la pediatra le pidió a mi madre que saliera, para hablar conmigo a solas. Fue la única vez que me sinceré. Le conté que me sentía torpe, que no tenía amigos de verdad, que me costaba hablar. Incluso se me escaparon unas lágrimas. La doctora entendió, me sentí muy aliviada. Le dio a mi madre una orden para un grupo de psicología para niños y adolescentes. Cuando regresábamos a casa con mis hermanos, uno de ellos le preguntó por curiosidad a mi madre qué era lo que me habían recetado, y mi madre dijo, como si no importara, “es que tu hermana es un poco tímida, nada más”. Me dolió mucho. Sé que no lo hizo queriendo, lo hizo desde la ignorancia. Pero ese día tomé la receta de la doctora, la rompí y la tiré a la basura. Mi madre nunca la buscó, ni me preguntó si yo la había guardado.

Otro tema con mi familia es mi padre. Discutimos mucho. Lo que más me dolió fue lo que sucedió hace unos meses. Para explicar esto tengo que irme hacia atrás en el tiempo, cuando tenía 15 años. Mis padres me compraron un par de lentes de contacto porque el doctor dijo que era bueno para mi astigmatismo. Los usé unos meses, pero en un momento me empezaron a doler. Cada vez que me los ponía pasaba como media hora intentando ponérmelos y llorando del dolor. Tenía que ir a estudiar con ellos puestos y me incomodaban mucho. Pero lo peor fueron las fiestas de cumple de 15. No necesito explicar mucho, mi participación en esas fiestas era sentarme en una silla a esperar que pasara la noche. Realmente la pasaba pésimo. Resulta que un día en la consulta con el oculista llevamos los lentes al control y al abrir la caja estaban rotos. Yo no había sido, probablemente haya sido un accidente, y eso fue lo que dije. El tema es que mi padre, hace unos meses (7 años más tarde de que todo esto pasara) sacó el tema en una discusión, diciéndome que yo había roto a propósito los lentes. Le pregunté “¿me vas a reprochar esto ahora?” y él respondió “tengo tantas cosas que reprocharte...” no supe qué responder, me fui a llorar al cuarto y mi hermano me abrazó… ahí me di cuenta de que todos estos años él nunca me creyó. Tampoco me cree que nunca disfruté las fiestas de quince (recuerdo haber escuchado en una conversación que él decía “llora por los lentes pero después se los pone y se pasa la noche de fiesta de lo más bien”, cuando en realidad mis “noches de fiesta” eran un calvario. Nunca me creyó, para él todo eso fue un capricho, para él soy mala… También podría agregar a la relación que tengo con mi padre la vez que le dije entre lágrimas que no me gustaba que me llamara “tarada” o “loca” (porque sí, habla así de mi con otras personas), y él me respondió, entre otras cosas, con un “no te lo tomes personal”. Tengo más historias con mi padre, pero no me daría para contarlas aquí.

Académico: mi vida académica también es un desastre. Toda mi vida fui excelente, hasta la universidad. Estudio astronomía. Al no tener amigos estudio siempre sola, y el estrés de los exámenes y pruebas también los paso sola, siendo que los sufro muchísimo. Los días previos a un examen no puedo dormir bien, los momentos previos tengo palpitaciones, náuseas, diarrea, sudor, temblores… y cuando el examen termina paso horas encerrada en el baño, llorando si me fue mal. Recuerdo que en una oportunidad perdí un punto en el examen (aprobé con 11 en vez de 12) por un error tonto, y pasé días sin perdonármelo. Pasados un par de días me dolía la cabeza de llorar, y me lastimé en la frente al darme la cabeza contra una pared. Ese tipo de autolesión es el que más uso, me doy la cabeza contra las paredes o me tiro de los pelos. También me golpeo la frente con las manos. En el 2018 tuve que dejar la universidad por unos meses, luego de haber perdido por primera vez un examen. Realmente no podía más. Me atrasé. Pero en ese tiempo volvió mi amor por la música (ese que había perdido por culpa de mi hermana), y decidí anotarme a estudiar violín en la universidad. Me relajó un poco, pero el estudiar dos carreras empeoró mis calificaciones en ambas. Sin embargo, no sé qué me pasó en esos años, que también decidí empezar la licenciatura en letras (mi tercera pasión es leer) y estudiar alemán. Obviamente no funcionó. Terminé ese año estresada, aprobando pocas materias, y de nuevo con un bajón emocional tremendo. Otra cosa que sucedió en esos años (del 2019 para acá) fue mi fugaz obsesión con el cine. Fue tan intensa que no pensaba en otra cosa, pasaron unas pocas semanas en donde no estudiaba, y no podía hacer otra cosa que pensar en el cine, en querer ser guionista o camarógrafa o actriz… miré infinidad videos de youtube explicando planos, cómo escribir un guión, análisis de películas famosas… incluso intenté filmar un cortometraje por mi cuenta… hasta que un día la obsesión se fue. Así como vino, se fue, y todo eso solo fue tiempo perdido.

Para resumir, hace 6 años que estudio una carrera que me debería haber llevado 4 (y todavía no sé si pueda terminar este año), llevo 2 años en la universidad de música, en la que solo aprobé tres materias, y estoy anotada en la facultad de letras pero no tengo ningún curso aprobado. Ah, y tampoco tengo trabajo. Este año pienso intentarlo de nuevo (¿será una locura?). No siento que sea incapaz, siento que mi estado mental no me permite desempeñarme de la mejor manera, y si fuera feliz y no me preocupara tanto por otras cosas me iría mucho mejor. Me hace sentir muy mal ver que compañeros y gente menor que yo se recibe, y yo acá, luchando cada vez que tengo que mandar un mail y sufriendo cada vez que se retrasa una respuesta pensando qué es lo que dije mal (literalmente me pongo a llorar y pierdo horas pensando los mails que envío a profesores por cualquier tema, y menos mal que no tengo que hablar en persona). Sin amigos, sin grupo de estudio. Hasta por momentos sin ganas, sin disfrutar. A veces me olvido por qué estudio esto… pero no puedo parar ahora. A veces desearía tirar todo y desaparecer… pero mi madre, mis hermanos…

Salud: si bien estoy bien de salud (física), hace varios años acarreo un tinnitus bastante intenso que fue la causa de que mi condición mental empeorara aún más. Si bien ahora casi no pienso en eso, es verdad que está ahí y que no sé qué daría por que se fuera.

Bueno, tal vez es demasiado largo, pero llevo mucho tiempo publicando cosas resumidas en foros y nunca obtenía una respuesta satisfactoria. Incluso así me faltan muchas cosas por explicar, pero es lo mejor que puedo hacer por ahora. Espero que alguien pueda aconsejarme (además de decirme que vaya a un psicólogo, que sé que tengo que hacerlo y quiero hacerlo, solo que mi condición económica y geográfica – en especial en tiempos de pandemia – no me lo permiten ahora mismo). Muchas gracias.

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