La carcasa del corazón: la evitación emocional

¿Eres de los que evitas las emociones negativas?, ¿Crees que haciendo eso te libras de ellas? Descubre lo que ocurre realmente si no escuchamos nuestras emociones.

20 ABR 2017 · Lectura: min.
Encarni Muñoz

¿Qué es la evitación emocional? No es nada más y nada menos que hacernos los suecos con nuestras propias emociones. Pensamos que podemos ocultarlas o ignorarlas y no las escuchamos con atención. Sólo nos permitimos sentir las emociones que consideramos positivas.

Si paseas por la calle y te dedicas a observar el comportamiento de la gente, verás que pueden estar con una expresión neutra pero también verás reír a la gente a carcajadas, pasarlo bien, hacer bromas o mantener una conversación más seria, pero rara vez verás a alguien llorar o si ves a alguien enfadado o gritando seguramente te asustarás o escandalizarás. Éste es un reflejo de cómo mostramos sin ningún reparo lo que consideramos emociones positivas y rechazamos o repudiamos las emociones negativas.

Mucha gente cuando siente pena, ansiedad, rabia, frustración, impotencia, asco, etc., intenta no sólo disimularla, sino que trata de hacer como si no existiera esta emoción, ya que la considera negativa para su salud. No obstante, todas las emociones son necesarias y es positivo experimentarlas, aunque lo que sientas duela. Si evitamos su aparición, la emoción lejos de marcharse, se hará más fuerte y tratará de llamar tu atención.

El ejemplo más claro es el de los procesos de duelo tras la muerte de un ser querido. Normalmente la gente que expresa la tristeza y trabaja su emoción, elabora correctamente el duelo. ¿Pero sabéis que pasa cuando las personas intentan hacer como si nada cuando han perdido un familiar o simplemente evitan hablar del tema o incluso de esa persona? Generalmente son personas que acaban teniendo un duelo patológico y requieren ayuda terapéutica. En mi consulta he visto muchos casos de personas que venían a terapia por no haberse permitido la emoción tras la pérdida de algún allegado y el trabajo terapéutico siempre pasa por dejar sentir las emociones.

Hay mucha gente que tiene la creencia de que hay que ser fuerte y eso implica no sentir emociones negativas. Desde pequeños se nos insta a no llorar, a no enfadarnos y ahora cada vez más se nos enseña a no frustrarnos. Cuando hacemos esto con nuestros hijos pensamos que los estamos protegiendo del mal, pero en realidad se lo estamos provocando, ya que si la persona no aprende a frustrarse, cada vez que se tope con la realidad de la frustración, lo pasará tremendamente mal. Porque no podemos evitar que aparezcan las emociones, van con la condición de ser humano.

Ahora os explicaré una analogía que utilizo en terapia cuando me topo con personas que tratan de forma inútil evitar la emoción, es decir, que le ponen una carcasa protectora al corazón:

Siempre explico que es como si las personas tuviéramos una olla dentro de nuestro cuerpo. Esa olla contiene un caldo, el caldo de todas nuestras emociones. Cuando la vida nos va bien, el fuego de esa olla es bajo y el caldo se cuece a fuego lento. Pero cuando sufrimos altibajos, hay situaciones que nos provocan problemas o nos desestabilizan, el fuego se pone a máxima potencia. Eso hace que el caldo de nuestras emociones hierva de forma brusca. Si somos personas que reconocemos, gestionamos y trabajamos nuestras emociones, ese caldo se irá haciendo pese a la virulencia del hervor. No obstante, si le ponemos una tapa a esa olla porque no queremos escuchar las emociones que se están produciendo, el caldo saldrá disparado de la olla y la tapa se caerá al suelo. Pues bien, ese caldo que sale disparado es cuando aparecen explosiones descontroladas de rabia por ejemplo, o aparece la ansiedad sin saber de dónde viene (recordad que hemos tapado la olla para no sentir, así que muchas veces la ansiedad parece caída del cielo pero en realidad esconde una pobre gestión emocional), o aparece un síntoma psicológico: estados depresivos, ansiedad, agorafobia, problemas sociales, etc. o incluso síntomas físicos como: colon irritable, fibromialgia, problemas digestivos, alergias, pérdida de cabello o problemas cutáneos como psoriasis o rosácea.

Así que pensamos que estamos protegiendo a nuestro corazón pero en realidad lo que estamos haciendo es oprimiéndolo de tal forma que no puede latir con normalidad.

¿Te sientes identificado? Pues deja de ocultar tus emociones y actuar como si fueras un robot, las emociones son básicas y necesarias en todo ser humano. No podemos seleccionarlas como si de una prenda de ropa se tratara. Ellas nos escogen a nosotros y tenemos que reconocerlas, identificarlas, dejarlas sentir, gestionarlas, elaborarlas y poco a poco irán desapareciendo para dejar entrar una nueva emoción.

¿Cómo se hace eso?

Lo primero es preguntarse a uno mismo ¿Qué estoy sintiendo? Una vez identificada la emoción es necesario masticarla bien, es decir, hablar de cómo te sientes, de la situación que la ha provocado, etc. Si no te sientes a gusto hablando con los demás sobre tus problemas (cosa muy habitual en las personas que evitan las emociones) escribe un diario emocional. Expresa tus emociones por escrito en una libreta que nadie leerá, sólo es para ti. Vacía la emoción, llora, grita, aprovecha para hacer limpieza de papeles, haz tacos gordos y rómpelos con fuerza, saca toda la rabia. Haz todo esto las veces que consideres necesarias hasta ver que poco a poco esa emoción ya no sea tan fuerte o hasta que haya desaparecido. Si puedes cambiar la situación, ponte manos a la obra, y si no puedes hacer nada, trata de aceptar lo que está sucediendo o lo que ha sucedido. Si ves que por ti mismo/a no puedes hacerlo pide ayuda terapéutica.

Y recuerda, aunque no escuchemos siempre el latido de nuestro corazón, él sigue haciéndolo. Así que de vez en cuando es necesario escuchar lo que nos está diciendo, porque él no para y las emociones tampoco.

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria, colegiada nº16918

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Escrito por

Encarni Muñoz

Encarni Muñoz es psicóloga sanitaria, especializada en adultos y con más de 10 años de experiencia. Realiza terapias individuales y de pareja a partir de una corriente integradora. Su objetivo es dotar a la persona de recursos y ayudar a descubrir los que posee para mejorar su calidad de vida en el mínimo número de sesiones posible.

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Comentarios 2
  • Sara Ramajo

    Muchas gracias por tus consejos

  • JUANA CAZALILLA MORAL

    Me parece muy acertado y desearía seguir recibiendo correos de este tipo. Gracias

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