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La importancia de educar en emociones

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Proveer de conocimiento sobre las emociones y enseñar a manejarlas adecuadamente a los más pequeños, ayuda a generar adultos más seguros, asertivos y con una autoestima positiva.

10 ene 2019 · Lectura: min.
La importancia de educar en emociones

Cada vez acuden más padres a la consulta para pedir ayuda porque no saben manejar las rabietas y el genio de sus pequeños. Oigo frases como "se pone a dar gritos y me saca de mis casillas", "empieza a gritar y no consigo que me haga caso, tengo que dejarle hasta que se cansa", "cada vez que no quiere hacer algo de lo que le mando monta en cólera"

La mayor parte de estas situaciones responden a una incapacidad de los niños para controlar sus emociones y las consecuencias de las mismas si no les enseñamos. El primer paso para trabajar la inteligencia emocional es educar a los niños en las emociones. Conocer cuáles son, reconocer los síntomas físicos asociados a cada una, y dotarles de herramientas para controlarlas. Es un trabajo duro, requiere dedicación y paciencia porque son conceptos un poco complicados de entender, es necesario adaptar los contenidos a la edad de cada niño.

Las emociones se pueden trabajar desde muy pequeños, los bebés de pocos meses de edad son capaces de diferenciar emociones básicas como el enfado y la alegría en el rostro de su madre, por lo que estamos preparados muy pronto para empezar a conocerlas. Contar, narrar, explicar, comunicar... técnicas todas ellas muy efectivas para empezar a comprender el complejo mundo emocional. Cuanto más hablemos con nuestros hijos más información tendrán y, a medida que crezcan y se desarrollen, les será más sencillo reconocer lo que les sucede. La información es poder, les da seguridad, saber qué vendrá a continuación permite elegir las herramientas necesarias para superar la situación. Contadles a vuestros peques cómo os sentís, poneros a su altura, miradles a los ojos y explicadles el buen día que habéis tenido hoy, lo contentos que os habéis sentido cuando les habéis recogido en el cole, o lo tristes que os sentís porque la mascota de la familia se puso enferma. Con la narración trabajamos en pro de la normalización, saber que no son bichos raros por sentir vergüenza ante desconocidos o miedo a la oscuridad, por ejemplo. También ayudamos a validar sus emociones, todas son válidas, surgen por algo, como respuesta a un pensamiento, o a muchos, al experimentar situaciones...

El siguiente paso es trabajar sus habilidades para controlar las emociones que les pueden desbordar. Educarles en expresar lo que sienten, dibujando, con juegos, con fotografías... No perdemos nada por preguntarles qué tal lo han pasado en el cole, o si les ha gustado la actividad que les tocaba hoy por la tarde, o si han sentido nervios al ir al cumpleaños de la compañera nueva de clase. Aquellas emociones que les cuesten más habrá que trabajarlas más a fondo. Los cuentos son unos aliados estupendos para ello, pueden asociar las emociones a las imágenes del libro para tenerlo más claro, están contados en tercera persona para que puedan generalizar y no preocuparse al pensar que sólo ellos se sienten así. Y, en el caso de no poder trabajarlo en casa o tratarse de una complicación especial, acudir siempre a un especialista que pueda guiarnos en la tarea.

Escrito por

27 Metas - Psicología & Coaching

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