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¿La silla de pensar?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Ayudar a pensar no quiere decir castigar. En esta entrada intentamos poder reflexionar levemente sobre esta técnica y las capacidades de los niños con las que se usa.

24 NOV 2016 · Lectura: min.
¿La silla de pensar?

Cada vez que alguien me dice que envía al niño a la silla de pensar, me viene la misma pregunta a la cabeza: ¿Solo? Pero, si no sabe pensar. Y es que en la mayoría de los casos los niños de los que me hablan tienen entre 2 y 5 años.

Que son los que no pueden pensar porque todavía no saben. No me pararé mucho a hacer explicaciones teóricas, pero solo como pequeño ejemplo: ya hace años que sabemos que los niños en estas edades no saben pensar. Quisiera citar a Piaget, que no se explica a través de sus experiencias, que los niños entre 2-7 años están en la etapa pre-operacional. Y una de las características que Piaget describe en esta etapa, es el egocentrismo, o la creencia de los niños que todo es tal y como ellos lo perciben. Todo el mundo percibe el mundo de la misma manera. O dicho de otra manera, hay todavía una falta de perspectiva, de poder pensar y entender porqué el otro está enfadado, si a él eso no le hace enfadar.

¿Los mandamos a que repitan mentalmente lo que les ha dicho el adulto? Porque sin ayuda de este, no podrán reflexionar de cual es el punto de vista del adulto. Y que la observación del niño es diferente a la del adulto. Y incluso a veces a un adulto le parece mal y al otro no.

Lo que realmente aprenden con la silla de pensar no es a reflexionar, sino a aislarse. A que cuando las emociones les acaparen, lejos de compartirlas y buscar ayuda, empiecen a aislarse, y pensar que tienen que alejarse de lo que sienten. Todo lo contrario de pensar en que las genera, y porqué. Y que emociones generan en los otros y porqué.

A veces, ante esta reflexión alguien me dice "¿entonces le comportamos lo que quiera?" Eso tampoco es pensar. Pensar tiene más que ver con compartir, dialogar. Los adultos podemos conversar con nosotros mismos, y por eso podemos pensar solos, aunque, ante situaciones difíciles, también tendemos a buscar interlocutor, alguien que escuche y nos ayude a pensar. Los niños necesitan la disponibilidad de algún adulto que les pueda enseñar a hacerlo. Que les hagan de interlocutor.

Así pues, lejos de dejar hacer lo que quieran o enviarlos solos a pensar. ¿Por que no pensamos juntos? En vez de sentar al niño a la fuerza donde no quiere estar, aumentar el enfado, la frustración y la incomprensión, dejarlo solo y sin nada ni nadie que lo calme. ¿Por que no es el adulto el que usa la silla de pensar? Una de verdad. Acercarla allí donde está el niño y esperar que se calme para poder hablar y pensar con él.

Mostrarle que pensar no es un castigo, no es la penitencia por portarse mal. Sino una herramienta muy valiosa que puede ayudar a solucionar problemas, discusiones, malos entendidos….

Y de esta manera dar al niño herramientas para aprender a afrontar les situaciones desagradables, y no enseñarle a huir y aislarse de ellas. Ayudarlo a crecer y aprender.

Míriam Torre Martín

Psicologa i Directora Psicsalut

Escrito por

PsicSalut (Míriam Torre Martín)

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