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Por qué nos cuesta mantener la mirada cuando hablamos

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El contacto visual es importante durante la comunicación, pero muchas veces este no existe.

25 JUL 2018 · Lectura: min.
Por qué nos cuesta mantener la mirada cuando hablamos

A diferencia de lo que creemos normalmente, el hecho de que una persona con la que hablamos no nos mire a los ojos no indica que no nos presta atención o que miente, sino que su cerebro no puede desarrollar ambas tareas a la vez.

Sí, así de sencillo. Sin que detrás haya una explicación oscura ni extraña. Eso es, al menos, lo que han afirmado Michio Naumura y Shogo Kajimura, psicólogos de la Universidad de Kioto, que apuntan que concentrarse en la conservación que se mantiene con otra persona hace complicado prestarle atención, por eso se reduce el contacto visual. Y cuanto más compleja sea la conversación, cuanto más exigente sea la explicación que se da o mayor profundidad de análisis y comprensión requiere por nuestra parte, menos miraremos a nuestro interlocutor. Ello explica por qué cuando estamos enfrascados en una discusión o debatimos un tema que consideramos muy importante nos resulta casi imposible mantener la mirada. No se trata de que esquivemos a la otra persona porque no decimos la verdad o porque no creemos que es importante aquello que hablamos, sino que lo hacemos por todo lo contrario: porque necesitamos concentrarnos en el diálogo que mantenemos, y nuestro cerebro tiene dificultad para hacer las dos cosas a la vez.

Pero la imposibilidad de mantener contacto visual con nuestro interlocutor va más allá de la simple conversación. Algunas personas se sienten incapaces de mirar a los ojos cuando hablan y la causa no es tanto que su cerebro está procesando la información y estructurando el discurso, aunque ello también incide de manera muy importante, sino que presentan algún problema de autoestima, timidez, pánico escénico o fobia social que hace que mantener el contacto visual con aquel con el que habla les resulte complicado. Otros trastornos, como el síndrome de Asperger o el trastorno del espectro autista, también tienen que ver con esa imposibilidad de mirar a los ojos cuando se interactúa con otra persona.

Por supuesto, siempre partimos de la premisa de que la conversación se mantiene entre personas de igual a igual. Porque cuando hablamos con un superior, un jefe o una persona de mayor nivel o relevancia, esta dificultad pasa a un segundo plano, ya que el respeto hace precisamente que nos cueste mirar a los ojos, aunque la conversación sea sobre un asunto banal o apenas tomemos parte en ella.

Así pues, aunque el contacto visual es una parte muy importante en el discurso, pues obliga al que escucha a prestar atención sobre aquello que se expone y denota, por parte del oyente, respeto y atención sobre el tema expuesto, a tenor de lo anterior, el hecho de que nuestro compañero, pareja o amigo no nos mire a los ojos cuando hablamos con él no quiere decir que nos esté ocultando algo, que no sea sincero con nosotros o que apenas nos preste atención. Todo lo contrario: puede ser ese exceso de atención y la importancia de la conversación que mantiene con nosotros lo que le impida, precisamente, mirarnos a los ojos.

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1 Comentarios
  • Lucía De La Vega

    A mi me cuesta mucho mirar a los ojos y se pasa mal, no me gusta que me miren, siento vergünza y me siento inferior, mucho miedo y resulta incapacitante. Se pasa muy mal.

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