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¿Cómo se forma el vínculo entre un padre/madre y su hijo?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

El vínculo es un proceso que comienza ya en el embarazo. A través de los sentidos, el bebé va percibiendo nuestro tacto y nuestra voz, y los padres comienzan a sentir que va respondiendoles.

24 FEB 2016 · Lectura: min.
¿Cómo se forma el vínculo entre un padre/madre y su hijo?

El vínculo es un proceso que comienza ya en el embarazo. A través de los sentidos, el bebé va percibiendo nuestro tacto y nuestra voz, y los padres comienzan a sentir que responde ante estos estímulos. Desde ese momento, empezamos interpretar cada movimiento del bebé, poniendo palabras a lo que creemos que ocurre y hablándole mientras acariciamos la barriga.

Una vez el bebé ya ha nacido, el cuerpo a cuerpo, el olor, la voz, la mirada y sonrisa de los padres son elementos que intervienen en la relación, potenciando el vínculo.

Conforme van pasando los días, la sensibilidad de los padres se acrecienta, aprendiendo a percibir e interpretar las señales del niño, dando respuestas cada vez más ajustadas ante las necesidades de su bebé. Esto nos acerca a nuestro hijo y nos va dando la tranquilidad necesaria para calmarlo cuando él lo necesita.

A lo largo de este tiempo los padres precisan ajustar sus expectativas a la realidad y van recorriendo un camino que incluye emociones tanto positivas como negativas. Ser capaz de encontrar un equilibrio entre ambas a la hora de manifestarlas a su hijo y el grado en que pueden resolver una situación estresante o conflictiva, influye en la relación. Un padre que deja a un lado lo que le gustaría que su hijo fuera, y lo acepta tal y como es, ayuda a la formación del vínculo y al autoestima del niño.

La disponibilidad mental para estar con/para el otro es muy importante en este momento. No basta con estar físicamente, el niño necesita y demanda de nosotros, de nuestra mirada, de nuestras palabras para poder regularse. La flexibilidad, así como la capacidad de expresión emocional, son factores que potencian la relación y ayudan a que los niños puedan organizarse internamente.

Estar ahí en esta primera etapa, ayudará a que poco a poco nuestro hijo se haga un niño independiente y seguro de sí mismo, no hay que tener miedo a cogerlo en brazos, a calmarlo cuando se despierta por la noche, no se va a "mal acostumbrar". Si el niño aprende que cuando no se siente bien, hay alguien que le calma y le contiene, que no está sólo, se formará una relación de apego seguro que le hará capaz de investigar y enfrentarse al mundo por sí mismo.

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Escrito por

Ana Sendino. Psicoterapia dinamica.

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