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El vacío

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La hiperconectividad del mundo actual se encuentra con una curiosa paradoja: el aislamiento.

22 JUL 2019 · Lectura: min.
El vacío

Una mañana te despiertas. Como cada día llevas a cabo con poco interés tu rutina habitual. Desayunas con el estómago cerrado. Te miras al espejo y observas el reflejo sin tener muy claro qué tiene que ver contigo la imagen que cruza tus retinas. Te preparas para acudir a tu trabajo. ¿Cuánto tiempo llevas ya ahí?

Tratas de que tu jornada laboral pase lo más rápido posible. Una punzada en las vísceras te acompaña en todo momento. En tu descanso miras el móvil. Deslizas el dedo frenéticamente arriba y abajo, como si por arte de magia fuese a aparecer en la pantalla una respuesta a una pregunta aún sin formular. Tienes alguna que otra interacción social, poco relevante en realidad. Llegas a casa y pones la tele. Tampoco le prestas mucha atención. "Es por tener algo de fondo", te dices.

Cenas por pura inercia y caes en la cama como un fardo inerte. Pese a la sensación de agotamiento das vueltas en tu lecho durante unas horas. Sientes que te falta algo que te vincule al mundo. Cierras los ojos y… la nada. Es esa nada calmada que precede a la nada agitada que te espera al día siguiente.

Días de vacío

Todos hemos tenido alguna vez un día así. Días de vacío que a veces se pueden extender por semanas, meses e incluso años. Y es normal, habida cuenta de que vivimos en un mundo que nos lanza mensajes confusos a diario.

La paradoja de la hiperconectividad internauta entre seres que muchas veces se sienten en aislamiento. El yugo heredado de lo que a cada cual ha de traerle el bienestar: éxito laboral, crear una familia, encontrar el amor verdadero (sea lo que sea eso), acumular objetos ya sea por funcionalidad o por prestigio social… encontrándonos también con que no siempre se dan las circunstancias propicias para conseguir tales cosas o bien con que conseguirlas no sirve para alcanzar esa tierra prometida de nombre "felicidad".

Hay mucho ruido, muchas voces, mucho ajetreo. Y el vacío puede dar vértigo y miedo. Sin embargo, ese vacío que puede llegar a hacernos transitar la vida como un espectro, encierra un valioso secreto: el silencio.

Silencio para hallar la voz propia

Y es que el silencio es el vientre que cobija todas las palabras por nacer. Palabras propias con significados propios. Es en ese lugar donde habita todo lo que verdaderamente se quiere y puede llegar a ser. Está esperando para salir y reclamar su lugar en la existencia. Y solo puede lograrlo si se le da el espacio necesario para ser escuchado.

No es una tarea simple. Requiere atención, disposición y, por lo general, una guía. Lo que está claro es que merece la pena escuchar. Aprender sobre todas esas voces que componen lo esencial de cada persona y que han estado largo tiempo calladas. Y con sumo mimo y cuidado poder limpiarlas, acunarlas, ponerlas guapas y sacarlas al lugar al que pertenecen: el mundo, tu mundo, tu vida.

Escrito por

Sendero Abierto Educación Emocional

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