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Hablemos de la ansiedad

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

¿Por qué la ansiedad puede convertirse en un problema de salud?

28 MAY 2019 · Lectura: min.
Hablemos de la ansiedad

Las personas que tienen un problema de la ansiedad, se refieren a ella como a una sensación muy desagradable que les hace creer que les sucede algo muy grave e inminente, como  sufrir un infarto, un ictus o que están perdiendo el control de su cuerpo y que van a enloquecer. Las sensaciones físicas que  sienten las personas que la padecen son muchas, por ejemplo  palpitaciones, opresión en el pecho, visión borrosa, sensación de mareo, de falta de aire o sensación de ahogo, debilidad o temblores en las piernas, etc.

Cuando la ansiedad está descontrolada, las personas describen pensamientos como: “No voy a poder soportarlo”, “Esto es horrible”, “Definitivamente me va a dar un infarto”. Estos pensamientos, en los momentos más intensos de la ansiedad, pasan por la mente automáticamente, como un flash.

Por otro lado, es muy característico que las personas que sufren de ansiedad eviten llevar a cabo determinadas conductas. Por ejemplo, evitan salir solas a la calle o hablar con la gente porque piensan que algo les saldrá mal, que harán el ridículo o que se aterrorizarán y todo el mundo se dará cuenta. Cuando evitan estas situaciones experimentan un alivio casi inmediato de la ansiedad y la angustia cuando se imaginan llevar a cabo esas actividades. Sin embargo, a medio y largo plazo, esta conducta de evitación se convierte en el mejor aliado de la ansiedad porque aprendemos que, por ejemplo, evitando salir a la calle evitamos las sensaciones desagradables de la ansiedad, provocando un problema mayor.

También es muy característico que estas personas lleven a cabo determinadas conductas, como es la búsqueda constante de sensaciones físicas que les hace sospechar que algo no está bien, que algo malo les puede suceder. Así, cualquier sensación que no sea habitual, confirma el peligro y hace que la persona esté en constante alerta procesando todas las sensaciones físicas de su cuerpo. Esta conducta de búsqueda, como es obvio, produce un gran estrés emocional.

La ansiedad a través de cuatro dimensiones 

Haciendo un breve resumen de lo expuesto, se puede deducir que la ansiedad se expresa a través de cuatro dimensiones o respuestas muy humanas:

  1. Una respuesta fisiológica, que se traduce en todas las sensaciones físicas que se experimentan.
  2. Una respuesta cognitiva a través de todos los pensamientos que se desencadenan a parir de un suceso estresante, como puede ser experimentar una sensación física inesperada tras ser informado de una mala noticia.
  3. Una tercera respuesta es la conductual, llevando a cabo conductas de evitación por un lado, y por otro realizando conductas de búsqueda constante tratando de encontrar síntomas que confirmen que pueden volver a repetirse las sensaciones de ansiedad tan desagradables. Esta conducta anticipatoria de búsqueda de síntomas desencadena la cuarta respuesta de la ansiedad.
  4. La cuarta es la respuesta emocional de miedo o temor a que se vuelva a desencadenar toda la sintomatología de la ansiedad. Así, una vez activado el miedo se cierra el círculo y todo vuelve a empezar. Este sería el modelo de acción de la ansiedad descrito muy brevemente.

Llegados a este punto, surge una pregunta importante: ¿Para qué sirve la ansiedad?

¿Cuál es la función de la ansiedad?

La ansiedad es una emoción básica que experimentamos los humanos a diario. Para entender el modo en que la ansiedad puede pasar de ser algo cotidiano a ser un problema incontrolable, se requiere disponer de una idea global sobre las emociones.

Las emociones son un proceso complejo con componentes biológicos y cognitivos. Cognitivos en el sentido de que son provocadas por la interpretación de un suceso que después produce una serie compleja de reacciones bioquímicas que describimos como “sentimientos”. Este sería el modelo cognitivo de las emociones:

Suceso >>> Interpretación >>> Emoción >>> Acción

Aunque la mayoría de las emociones se generan a través de los procesos cognitivos, existen algunas excepciones importantes. Por un lado, determinados fármacos o drogas pueden desencadenar emociones, cambiar estados de ánimo, producir determinadas emociones inapropiadas, etc. También algunas enfermedades pueden causar alteraciones emocionales como  los problemas de tiroides.

Por otro lado, destacar que los seres humanos disponemos de emociones predeterminadas genéticamente, son las llamadas emociones básicas, las cuales se activan automáticamente sin la necesidad del componente cognitivo. Estas emociones tienen una función relacionada con la supervivencia del ser humano, lo que indica que están impresas en nuestro cerebro más  primitivo. La ansiedad es una de esas emociones. Es importante resaltar que estas emociones han ayudado a nuestros antepasados a sobrevivir hasta nuestros días. Estas emociones básicas junto con sus funciones son las siguientes

  • Miedo: Anticipación de una amenaza o peligro que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. Nos pone en alerta.
  • Sorpresa: Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria. Puede dar una aproximación cognitiva para saber qué pasa.
  • Aversión: Disgusto, asco. Solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión.
  • Ira: Rabia, enojo, resentimiento, furia, irritabilidad. Tiene el efecto hacer que se alejen de quien la expresa.
  • Alegría: Diversión, euforia, gratificación. Da una sensación de bienestar, de seguridad, de querer compartirlo con los demás.
  • Tristeza: Pena, soledad, pesimismo. Expresa la necesidad de ayuda, de querer ser ayudado.

En el caso de la ansiedad, ésta tiene la función de activar un sistema de alerta ante un peligro inminente, por lo tanto tiene una función adaptativa importante. Si esto es así, es deseable no eliminar la ansiedad de nuestro sistema emocional.

Ante esta situación surge la gran pregunta: Si la ansiedad es una emoción que activa un sistema de alerta que no es deseable eliminar, ¿estamos condenados a vivir con las sensaciones tan desagradables que desencadena? Y por otra parte, ¿por qué son tan desagradables estas sensaciones?

Aprender a convivir con la ansiedad

Ante una situación de peligro real inminente, nuestro organismo está preparado para actuar de la siguiente manera: Luchar o afrontar la situación o, por el contrario, huir para sobrevivir. Es la típica respuesta de lucha-huida, es la respuesta de alarma de nuestro organismo. Una vez activada la alarma, nuestro organismo desencadena una respuesta global para actuar consistente en la activación del sistema fisiológico a través del incremento de la respiración, el corazón late más deprisa, los músculos se preparan para la acción, se dilatan las pupilas para ver mejor lo que sucede, etc. Todo ello para inducir la respuesta de lucha-huida, con el objetivo de la supervivencia.

Por lo tanto, la ansiedad es una respuesta que siempre se va a producir en las personas, ya que desde nuestros antepasados es una respuesta que nos ha permitido adaptarnos al medio. En determinadas situaciones estresantes, como presentarse a un examen o ante  el sonido amenazante del claxon de un camión, la ansiedad aumenta, pero también aumenta la eficacia, la atención y el rendimiento en la respuesta ante dichas situaciones amenazantes o peligrosas.

Sin embargo, cuando la ansiedad supera determinados límites se convierte en un problema de salud, impide el bienestar, e interfiere significativamente en el propio organismo generando malestar en las actividades de la vida cotidiana, en sus actividades familiares, sociales, laborales o intelectuales.

Aclarada la función e importancia de la ansiedad, debemos plantearnos la siguiente pregunta ¿Por qué la ansiedad puede convertirse en un problema de salud?

Como decía anteriormente, la ansiedad forma parte de las emociones básicas que han contribuido de una forma muy importante a la supervivencia del ser humano, ya que su función es la de preparar al organismo para actuar ante una situación amenazante. Si bien es cierto que las situaciones amenazantes de nuestros antepasados son muy diferentes a las situaciones que nos amenazan en el siglo XXI, el sistema que nos alerta sobre dichos peligros y nos prepara para actuar es el mismo y está situado en el centro de nuestro cerebro, es el llamado sistema límbico, y más concretamente en la amígdala, principal núcleo de control de las emociones y sentimientos en el cerebro, controlando las respuestas de satisfacción o miedo. Sus conexiones no solo producen una reacción emocional sino que debido a su vinculación con el lóbulo frontal (cerebro pensante) también permite la inhibición de conductas.

Una de las funciones principales de la amígdala, y el hecho de que sea pieza clave de la supervivencia, es la gestión del miedo. A un nivel filogenético, este núcleo es el que ha permitido la supervivencia de nuestra especie, dado que es el que permite que podamos reaccionar tras percibir un estímulo potencialmente amenazador para la integridad física, estimulando o inhibiendo la respuesta de lucha/huida descrito anteriormente. Reacciones que tenemos ante estímulos que pueden provenir tanto del exterior, como ver una araña, la sonrisa de un bebé o que nos comuniquen un despido, como las provenientes del nuestro interior como son los pensamientos o recuerdos que nos hacen sufrir o sentirnos felices. Todas estas reacciones, a nivel cerebral, dependen de la amígdala.

Cuando existe un motivo, una amenaza real, la ansiedad nos moviliza, nos obliga a buscar una solución. Si nos enfrentamos a un peligro real, la ansiedad nos ayudará a resolver ese peligro. Es lo que ocurre cuando se producen determinadas situaciones en nuestra vida cotidiana, un frenazo brusco, una persona amenazadora, un libro que se cae  al suelo de forma imprevista…

Cuando es nuestro cerebro quien interpreta que existe un peligro, pero este peligro no es real sino imaginario, como por ejemplo, cuando voy caminando por la acera y observo que frente a mí se acerca un perro enorme, con sus enormes dientes y mirándome fijamente y pienso que viene a atacarme; o si tengo que exponer un proyecto en el trabajo y pienso que no podré estar a la altura que se espera y que se reirán de mí; si mirando la televisión siento una ligera sensación en el lado izquierdo del pecho y creo que me está pasando algo malo, estas situaciones el cerebro las codifica como peligros reales inminentes. En  ese instante se activa una respuesta de lucha/huida enviándonos los síntomas característicos de ansiedad para actuar, pero lo que ocurre es que nos quedamos bloqueados, indefensos. Las sensaciones corporales se apoderan de nosotros y el miedo nos bloquea. Comienzan a surgir preguntas y pensamientos como: ¿Qué es esto? ¿Qué me está pasando? ¡Seguro que me va a pasar algo muy grave! ¡Esto es insoportable, terrible…!

La solución está en entender nuestro diálogo interno, nuestros pensamientos y en descodificar la interpretación de la realidad que está haciendo nuestro cerebro de forma errónea, porque de lo contrario la ansiedad pasa de ser un proceso adaptativo a un trastorno complejo.

Algazara Psicología

José Manuel Iglesias Segundo

Escrito por

Algazara Psicología

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Bibliografía

-Moreno, Pedro. Guía de la Ansiedad. Versión 1.0.2. www.ansede.com

-Reneau Z. Peurifoy (1999). Cómo vencer la ansiedad. Un programa revolucionario para eliminarla definitivamente. Desclée De Brouwer. S.A.

-Ros, Ricardo. ¡Stop a la ansiedad sin pastillas! Magalian TraceComunication, S.L. Ejemplar Nº ES2-0110452.  www.magalian.com/ansiedad.

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