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Qué es el ikigai y por qué debemos incorporarlo en nuestra vida

El ikigai es un estilo de vida, una filosofía que ayuda a mejorar el concepto que tenemos de nosotros mismos.

21 dic 2018 en Actualidad - Lectura: min.

psicólogos

Aunque su fin último no sea la felicidad, esta es la consecuencia real que se consigue si aplicamos este método a todo aquello que hacemos. Porque el ikigai es eso, un nuevo concepto de vida, un método que nos ayuda a sentirnos mejores personas, a buscar nuestro objetivo en la vida y a alcanzar la felicidad, entendida esta como satisfacción personal.

Ikigai quiere decir razón de ser, porque se trataría de un propósito de vida, un motivo o razón para hacer aquello que hacemos, algo por lo que merece la pena levantarnos y luchar para que ese día sea mejor que el de ayer. Por tanto, no se trata tanto de buscar aquello que nos hace felices, sino de pensar qué queremos hacer y cómo podemos ayudar a los demás, es decir, cómo podemos hacer de este mundo un lugar mejor.

Por supuesto, es importante que seamos conscientes de cuáles son nuestras habilidades para poder ir progresando. Por ejemplo, si nos encanta cocinar y además se nos da bien, podemos dedicarnos a preparar platos para otras personas como modo de disfrutar con aquello que hacemos, de sentirnos importantes en este mundo, de sentir que nuestra vida tiene sentido, algo que evidenciaremos cuando nos feliciten. Y los mismo ocurre con otras tareas. Por tanto, hemos de pensar qué nos apasiona, con qué cosa perdemos la noción del tiempo cuando la realizamos porque la disfrutamos tanto que nos sentimos plenos.

¿Por qué debemos incorporarlo en nuestro estilo de vida?

Adoptar esta filosofía propia de Japón hace posible que podamos disfrutar más de la vida y sintamos plenitud y bienestar emocional, lo que conduce a la felicidad. Y a la larga, ello puede traducirse en una mayor esperanza de vida.

Al hacer aquello que nos gusta estamos demostrándonos a nosotros mismos que nuestra vida tiene una razón, un motivo. Y cuando terminamos, la alegría es tal que, sin que seamos conscientes de ello, aumenta nuestra autoestima. Si nuestra pasión es la repostería, cada vez que terminemos una elaboración y comprobemos el resultado, disfrutaremos con lo que hemos cocinado, y ello nos pondrá contentos. Pero, además, nos servirá para seguir buscando nuevos retos, recetas más complicadas con las que disfrutemos innovando, y cuando las dominemos, seguiremos notando cómo nuestra seguridad en nosotros mismos sigue creciendo. Nos encontraremos pletóricos, ya que habremos encontrado una razón en la vida, algo por lo que luchar cada día, algo que nos hace felices.

Quizá suene a utopía, porque es muy fácil decirlo pero complejo llevarlo a cabo cuando tenemos que trabajar para comer y para pagar una hipoteca o las letras del coche… Si aquello en lo que trabajamos nos gusta, será fácil que nuestra vida sea plena, pero ¿qué pasa cuando odiamos el trabajo, cuando no soportamos al jefe o a los compañeros y sentimos que no pintamos nada en este mundo? Pasa que ha llegado el momento de tomar las riendas de nuestra vida y cambiar para ser felices. Incorporar el ikigai como modelo de vida supone ser realista con nuestras necesidades, es decir, ser conscientes de que si realmente queremos tener un motivo por el que luchar es posible que debamos renunciar a los dos coches o a vivir en el piso que tenemos y adaptarnos a aquello que nos permita ser mejores personas y contribuir a una sociedad mejor. Porque ¿de qué nos sirve ganar mucho dinero o irnos de vacaciones si tenemos depresión por culpa del trabajo, de los gastos o de los préstamos que tenemos que pagar? Si cambiamos la mentalidad y nos conformamos con aquello que podemos permitirnos sin renunciar a lo que nos gusta, nos sentiremos completos y habremos encontrado nuestra razón de ser en el mundo. 

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