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La comunicación con los hijos/as adolescentes

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Estudios recientes han constatado que, a pesar de su habitual oposición y desconexión con la familia, los hijos e hijas adolescentes desean y necesitan llevarse bien con sus padres.

19 SEP 2019 · Lectura: min.
La comunicación con los hijos/as adolescentes

Estudios recientes han constatado que, a pesar de su habitual oposición y desconexión con la familia, los hijos e hijas adolescentes desean y necesitan llevarse bien con sus padres. Comprender el proceso que están atravesando y recordar que nosotros también fuimos adolescentes nos ayuda a ser más pacientes y acompañar a nuestros hijos/as en esta fase.

La adolescencia es una etapa de desarrollo maravillosa, a la que la mayoría llegamos con muchas ganas de explorar y experimentar cosas nuevas, donde "todo es posible"... En esta etapa, muchos padres y madres ven que los que eran sus adorables niños y niñas pequeños ahora se han convertido en seres distintos, que han cambiado de gustos y de hábitos, que les cuestionan continuamente y que pareciera que ya no los necesitan. Por su parte, muchos/as adolescentes sienten que sus padres/madres no los comprenden y que rechazan sus cambios.

Aparte de los rápidos cambios físicos, hormonales, emocionales... que acontecen en esta fase de desarrollo, los/as adolescentes se encuentran en la tarea de construir su identidad. Para ello tienden a recluirse y a interactuar menos con sus padres/madres y más con los chicos y chicas de su edad. Algunos padres/madres no llevan bien esta separación y responsabilizan a las nuevas amistades de la "mala" conducta de sus hijos/as. Como consecuencia, el/la adolescente forma una mayor alianza con sus pares y se distancia aún más de la familia.

En estos casos, en vez de culpabilizarles por su alejamiento, conviene darles un contexto seguro, de aceptación, en el que puedan experimentar la independencia y la privacidad, sin que ello les suponga una amenaza. Hemos de otorgar un valor importante al desarrollo de su autonomía.

Si fueron sentadas unas buenas bases comunicativas en los años anteriores, los conflictos en esta fase no serán excesivamente mayores.

¿Qué hacer cuando no existe esa base?

Estamos a tiempo de reconducir la situación siendo verdaderamente conscientes del proceso por el que están pasando nuestros hijos/as y de nuestro papel y nuestra responsabilidad como padres y educadores.

  • Escuchémosles primero. Con frecuencia, los/as adolescentes suelen quejarse de recibir continuas reprimendas y de que sus padres/madres no los escuchan. Tan importante es marcar unos límites y decir "no" a nuestros hijos/as como prestarles atención cuando quieren expresarnos sus puntos de vista y lo que sienten, aunque nos cueste encajarlos. Antes de sentenciar nada, intentemos ponernos en su lugar, empaticemos con ellos/as como lo haríamos con una amiga o amigo que apreciamos, ya que algunos aspectos que los adultos consideramos insignificantes, son de vital importancia en la adolescencia. Además, cuanto más se sientan escuchados, más receptivos estarán posteriormente para escuchar y aceptar lo que sus padres/madres tienen que decirles.
  • Negociar lo negociable. Hay situaciones que no son negociables y en las que tenemos que ser firmes (llegar tarde a casa, hábitos no saludables...), pero hay otras muchas (estilo de vestir o de peinarse, jerga juvenil, alguna salida de tono leve) en las que no merece la pena entrar en una lucha de fuerzas con nuestros hijos/as, aparte de que no estaríamos respetando su soberanía −independencia−en cuestiones en las que tienen derecho tomar sus propias decisiones. En este sentido, distinguir lo que es importante debatir y lo que no, esto es, relativizar en muchos casos, ayudará a tener menos discusiones y mucha mejor relación con nuestros hijos/as.
  • Nuestro ejemplo. Para poder exigir respeto a nuestros hijos/as adolescentes, los padres/madres debemos comportarnos también respetuosamente con ellos/as. Los/as jóvenes desafían y ponen a prueba muchas veces a sus padres/madres, buscan provocar reacciones como prueba de su existencia e independencia, y esto suele irritar a los padres/madres. En estos casos, lo mejor es hacer acopio de nuestra paciencia y evitar dar rienda suelta a nuestro enfado siempre que se pueda, teniendo especial cuidado en no descalificar o humillar a nuestro hijo/a.
  • Evitar la sobreprotección. Es nuestro deber aconsejarles y orientarles, porque todavía necesitan nuestra guía, pero no así protegerles de las consecuencias de sus propias decisiones. Hemos de enseñarles a ser responsables de sus actos y solo intervenir cuando las consecuencias pueden ser graves.
  • Humor. El sentido del humor es un recurso muy eficaz para desbloquear conflictos. Es interesante su uso de vez en cuando para desdramatizar situaciones y relajar tensiones.
  • Nuestra presencia. Por último, no olvidar que lo más importante de esta etapa con nuestros hijos/a es nuestra presencia. Que sientan que estamos con ellos/as y que pueden contar con nosotros/as, además de proponerles hacer cosas juntos de vez en cuando, sobre todo actividades al aire libre (ya sé, en los tiempos que corren cuenta sacarles de casa... ¡y por eso mismo!), con el fin de compartir con ellos/as más espacios de su vida y no solo el ámbito del hogar, y disfrutar de algunos buenos momentos en familia.

Carmen López Gonzálvez

Escrito por

Carmen López Gonzálvez

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