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El comportamiento impulsivo y disoluto

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

¿Y si fuera la repetición tranquilizadora del comportamiento impulsivo lo que buscan algunas personas?

21 DIC 2017 · Lectura: min.
El comportamiento impulsivo y disoluto

Existen varios tipos de comportamiento impulsivo y/o disoluto: la alimentación compulsiva, la ludopatía, el tabaquismo, el abuso del alcohol y/o las drogas, la adicción al sexo… La lista sigue.

Pero ¿qué tienen en común todos estos comportamientos? ¿Qué le lleva al ser humano a realizarlos? Hemos hablado de ello con el doctor Matteo Monego.

Cuando se habla de comportamiento impulsivo y/o disoluto, ¿a qué nos referimos?

En general, se define como comportamiento compulsivo aquel que realiza una persona sin tener en cuenta las consecuencias del mismo. De este modo, un sujeto puede hacer algo, por ejemplo, tomar drogas o comer de manera compulsiva, sin reflexionar sobre los efectos que tiene esa acción. Las consecuencias pueden ser, a veces, muy negativas tanto para él mismo como para los demás; sin embargo, este aspecto no se tiene en cuenta o no se acepta ante el bienestar inmediato que produce ese acto.

En este sentido, pueden ser considerados comportamientos impulsivos todos aquellos que escapan de un control racional.

En su opinión, ¿un comportamiento aparentemente incontrolado (impulsivo o disoluto) puede ser fruto de una elección voluntaria? Es decir, ¿el abandono consciente del control puede ser una elección consciente, o no lo es?

La respuesta no es fácil, en el sentido de que estos años de actividad clínica han cambiado gradualmente mi punto de vista (y, por tanto, el enfoque) respecto a este comportamiento: en las historias de las personas que no pueden controlarse vemos cómo se recurre, a menudo, a una especie de «utilidad» del comportamiento en sí mismo. Una de mis pacientes, que sufría ataques frecuentes de bulimia, me describía de forma muy clara cómo los atracones le servían para calmar un vacío interior, un dolor que, desde su punto de vista, solo el atracón y el consiguiente vómito podían apaciguar. Y los consumidores impulsivos de cocaína, los jugadores impulsivos, sometidos a rituales obsesivo-compulsivos (como lavarse las manos varias veces), las personas que no pueden escapar del impulso sexual.

En todos esos casos pienso que no se puede pensar que el comportamiento citado esté fuera de control: creo, más que nada, que tiene que ver con el bienestar inmediato que, de hecho, puede buscar llenar un vacío o distraer la mente de pensamientos negativos.

¿Puede ser un modo de huir de pensamientos molestos o, de manera general, que generan vergüenza? Si es así, ¿por qué?

Sí, creo que el mecanismo es ese: constreñir la mente para concentrarnos en cualquier otra cosa, sin importar si es dañina o no, para no pensar en una realidad que resulta frecuentemente tortuosa.

Una persona que sintió el impulso de jugar al póker online contaba sentirse como abducido cuando entraba en un bar y cambiaba los primeros 50 euros: era como si perdiera la noción del tiempo, hasta el punto de que entró siendo de día y salió cuando anocheció. Además, ¿no te has dado cuenta cuando has observado a personas jugando en los bares? Parecen ausentes, apenas miran las cartas, parecen que no reflexionan sobre el juego y tocan los botones casi de modo automático. El impulso es la emoción del juego, no el juego en sí.

Por ejemplo, ¿cómo funciona la conciencia en los comedores impulsivos?

Los comedores impulsivos son personas que sienten la necesidad de darse atracones de manera descontrolada. En los sujetos con los que he trabajado, la conciencia es mayor de lo que uno podría pensar. El impulso de darse un atracón viene precedido de otra acción: todo está planeado al detalle. Desde la comida que decide comer hasta el tiempo en el que se la tomará (y posiblemente la expulsará) y el lugar donde la comprará. Normalmente, suelen elegir diferentes supermercados para evitar hacerse notar, compran los alimentos según su propia experiencia y sus propios hábitos (si el atracón va a terminar en vómito se suelen escoger alimentos que puedan ser expulsados con mayor facilidad), el momento elegido según su privacidad… Es decir, visto desde esta perspectiva, el comportamiento impulsivo parece muy bien planificado y pierde su característica impulsividad.

¿Y en el caso de aquellos que consumen alcohol o toman drogas?

El mecanismo es muy similar, aunque en el caso del alcohol y las drogas es necesario una menor planificación. Aquí, la forma en la que se toman las sustancias, con una especie de voracidad, hace pensar que es un comportamiento no casual («he empinado demasiado el codo»), pero tiene un propósito: aturdir la conciencia.

El alcohol tiene esta capacidad, después de una o dos copas, de hacer ver rosa aquello que antes parecía negro para hacernos olvidar los pensamientos negativos presentes en nuestra mente. Obviamente, el mismo discurso vale para drogas como la cocaína y similares.

También la nicotina, desde este punto de vista, tiene la misma función: crea una sensación de bienestar inmediato que ayuda a «apartar» esos pensamientos. La única diferencia es que el efecto es breve y muy superficial y no se presta a alejarnos de situaciones que implican un mayor sufrimiento

¿Vale también para comportamientos como el sexo descontrolado?

La respuesta es sí, el mecanismo es el mismo: no importa cuáles sean las consecuencias, lo importante es el sexo a toda costa, incluso con personas que no nos causan placer. Y no tienen en cuentan el riesgo de enfermedades, las relaciones sentimentales que se puedan tener, el lugar en el que nos encontramos, etc.

He trabajado con hombres que, por ejemplo, utilizan la masturbación como remedio contra el estrés: también en este caso parece que la necesidad de satisfacer ese instinto es fruto de la razón, o, por lo menos, parece ser diferente de la propia satisfacción sexual. Lógicamente, no es fácil ni aconsejable generalizar, pero digamos que una fuerte necesidad de sexo puede ser similar a las que he descrito en este artículo

Termino diciendo que, según mi experiencia, esforzarse en ver comportamientos impulsivos similares como resultado de una elección más o menos racional es una manera productiva de afrontarlos en lugar de verlos como una consecuencia casual o como la incapacidad de controlarlos.

Y añado una reflexión final: ¿y si la repetición tranquilizadora de los comportamientos impulsivos fuera lo que busca una persona?

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