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Claustrofobia: qué es y cómo se trata

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Más del 5% de la población sufre claustrofobia. El miedo a los espacios cerrados es, quizá, uno de los más habituales. Con terapia cognitica conductual puede tratarse de manera eficaz.

22 oct 2018 · Lectura: min.
Claustrofobia: qué es y cómo se trata

La claustrofobia es, posiblemente, una de las fobias más habituales. Se trata de un miedo irracional ligado al trastorno de ansiedad y puede limitar la vida de aquellos que la padecen.

Quienes sufren esta fobia sienten temor por los espacios cerrados, que evitan para reducir las posibilidades de quedarse encerrados. Es decir, no se trata de que se sienta miedo al espacio cerrado en sí, sino a quedarse atrapado en él. Por eso, evitan subir en ascensores y coger medios de transporte como el metro, el avión e incluso el tren. Son personas que en los bares y restaurantes se sientan cerca de la salida.

La sintomatología de este trastorno es clara: nervios, tensión, sensación de falta de aire, sudor frío, aceleración del ritmo cardíaco, mareos, deseos de salir de ese lugar… Los pacientes que padecen esta fobia específica pueden sufrir ataques de pánico asociados a ella cuando se exponen a una situación que les causa temor. Palpitaciones, sudor, respiración agitada, miedo a perder el control, presión en el pecho, náuseas y malestar intestinal son las manifestaciones más habituales que afectan a aquellos que sufren un ataque de pánico como consecuencia de su claustrofobia. De ahí que, para evitar esos síntomas tan molestos, eludan este tipo de espacios, lo que condiciona de manera importante su vida.

¿Cómo se trata la claustrofobia?

Como la mayoría de las fobias y los problemas de ansiedad, la terapia cognitivo conductual se ha demostrado eficaz para el tratamiento de la claustrofobia. Esta terapia conjuga la gestión de los pensamientos negativos, la interpretación que de ellos hacemos y la aceptación de las emociones con la exposición. Los profesionales especializados en claustrofobia suelen trabajar con el paciente para que estos se expongan a situaciones que temen y sepa cómo actuar en cada caso. Mediante técnicas de respiración y control, se intenta que la persona que padece la fobia sepa afrontar los síntomas, reestructure sus pensamientos para que sea capaz de evitar los anticipatorios y obsesivos y acabe desensibilizándose.

Además de la terapia cognitivo-conductual, otros profesionales emplean también la meditación como apoyo complementario para el tratamiento de esta fobia. La meditación hace posible profundizar en la mente y, por tanto, en el posible origen del problema.

Finalmente, cuando el paciente sufre una crisis o la fobia es tan grave, puede ser aconsejable mitigar los efectos adversos y el malestar con medicamentos. Se trata de una medida temporal que debe complementarse siempre con terapia y que únicamente tiene que ceñirse a momentos concretos, pues los fármacos no solucionan el problema. De ahí que pueda ser necesario, en determinados casos, comenzar combinando ambos tratamientos para ir abandonando, conforme evolucione el paciente, los medicamentos y centrarse en la reinterpretación y restructuración de pensamientos.

Llevar una vida sana y equilibrada, con una alimentación adecuada, y practicar ejercicio ayudan a combatir el malestar y a mitigar las situaciones de estrés que muchas veces están asociadas a estas fobias. En cualquier caso, debe ser siempre el terapeuta en que recomiende qué pasos seguir.

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