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¿Cómo puedo aprender a aceptar mis defectos?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Todos tenemos defectos pero queremos eliminarlos porque no los aceptamos. Hoy os explico qué hacer para aceptar tus defectos y aprender a vivir con ellos sin que te frustres por tenerlos.

7 FEB 2017 · Lectura: min.
¿Cómo puedo aprender a aceptar mis defectos?

Partamos de la base de que tenemos la mala costumbre y la mala creencia de querer y creer que podemos ser perfectos. Intentamos limar cualquier aspereza relacionada con nosotros mismos para sentirnos un poco más completos. Pero no seamos necios, no podremos nunca conseguir la perfección. Es cierto que los medios de comunicación y la sociedad en general nos impulsa en ese sentido. Desde pequeños vemos que si alguien es diferente se le tacha por ello y se le ridiculiza. Si hay alguien con gafas, será el gafotas, si alguien tiene sobrepeso será la gorda, si alguien tiene problemas de aprendizaje será el tonto, si alguien es muy inteligente será el empollón y así una larga lista de etcéteras. Destacar, salirse de la media es lo que hace que estemos marcados, y en muchas ocasiones llega a acomplejarnos.

Ahora bien, ¿qué hace que unas veces nos hundamos u obsesionemos con esos defectos y otras veces no? La respuesta es la seguridad en uno mismo y la autoestima, esa gran meta del ser humano. No os podéis llegar a imaginar la cantidad de gente que viene a terapia porque se siente feo/a, gordo/a, calvo, tímido/a, poco inteligente, poco interesante, etc. En muchas ocasiones esa obsesión viene marcada por una infancia en la que sufrieron bullying (sí, hace años ya existía el bullying aunque no tenía esa denominación) pero otras veces no, y simplemente han empezado a exigirse demasiado. Lo malo de los defectos es que tendemos a centrarnos en ellos, le damos demasiada importancia (muchas veces más de la que tiene) y nos ridiculizamos y ninguneamos a nosotros mismos.

¿Y qué puedo hacer para aceptarme?

  1. El primer punto es reconocer cuáles son tus principales defectos. ¿Alguna vez te has parado a escribirlos? Si lo haces te darás cuenta de que la lista puede llegar a ser muy larga. Hazle un círculo a los más importantes y céntrate en ellos. ¿Cuál es la causa de su aparición? ¿Son cualidades que deseas y no tienes?, ¿La sociedad dicta que tienes que ser de un modo que no eres? o ¿alguien algún día te hizo ver que eso es un defecto y te lo creíste?
  2. El segundo paso después de contestarte estas preguntas es preguntarte: ¿Qué hay de cierto en que eso sea un defecto?, ¿ese defecto es real?, ¿realmente es tan malo ser así?, y si es tan malo, ¿tener ese defecto anula mis virtudes? Os pongo un ejemplo: una persona se considera poco inteligente porque no tiene una carrera universitaria. Su hermano un día le dijo que él era el tonto de la familia y se lo empezó a creer. El cuestionamiento sería: "es cierto que está bien tener una carrera y ser poco inteligente es un defecto. No obstante, yo decidí no estudiar carrera universitaria porque quería empezar a trabajar pronto. Lo cierto es que se me daba bien estudiar aunque era perezoso para hacer deberes y estudiar. Quizás no soy tan poco inteligente y aunque lo fuera, soy una persona responsable, educada y bueno para cualquier trabajo que me proponga. La inteligencia no lo es todo en esta vida".
  3. Una vez hecho esto hay que mirar de frente al defecto y aceptarlo. Cada día mírate durante un rato al espejo, céntrate en tus defectos y analízalos (esto no sólo sirve con los defectos físicos, puedes hacer el mismo ejercicio con los defectos emocionales). Por ejemplo: "tengo celulitis", "tengo las piernas torcidas", "estoy quedándome calvo", "tengo la barriga flácida", "soy demasiado tímida", "soy muy desordenada"... Ahora acompaña esa frase con un "aunque", es decir, busca la parte positiva del defecto. Por ejemplo: "aunque tengo celulitis en las piernas, no es exagerada, sólo tengo en las piernas así que podría ser peor, casi todas las mujeres tienen celulitis y además, mis piernas aunque tengan piel de naranja son bonitas y me permiten caminar, correr y llegar a donde yo quiero cada día". Recuerda, cuando aceptes tus defectos nadie podrá utilizarlos para hacerte daño.
  4. A partir de ahí intenta no ocultar tus defectos. Llevarlo en secreto te hará vivirlo como un tabú y como algo vergonzoso. Mostrarlo, decirlo a los demás e incluso hacer broma (sin llevarlo al exceso) te ayudará a naturalizarlo, aceptarlo y además muchas personas puede que se atrevan a decir los suyos propios. Recuerda que aunque tú veas perfecta a la persona que tienes delante, él o ella se percibe defectos a sí mismo.
  5. El siguiente paso es pensar en la pregunta: ¿El defecto tiene remedio? Si es así, ¿a qué esperas? Si se te da mal bailar, apúntate a clases de baile, si eres poco inteligente lee libros o juega a juegos que te ayuden a fomentar tu inteligencia, si tienes la barriga flácida haz unos abdominales cada día. Recuerda que el objetivo no es ser perfecto sino hacer tu defecto menos importante. Para ello es fundamental evitar la comparación selectiva. La cuestión es que tú notes tu mejora, no que te compares con los demás. Tenemos la fea costumbre de compararnos con quien es mucho mejor que nosotros como si eso fuera lo único que existe. Por ejemplo: si eres calvo y vas mirando sólo a los chicos que tienen un pelo frondoso, te frustrarás. Sin embargo, si observas a todos los chicos te darás cuenta de que hay más calvos, que no eres el único y muchos de ellos van con la cabeza bien alta.
  6. El último paso a tener en cuenta es valorar lo positivo que tienes. Haz lo mismo que hiciste con los defectos, haz una lista de tus virtudes e intenta que esa lista sea lo más extensa que puedas. Una vez hecha la primera lista de virtudes, cada día al acabar el día haz un listado de cosas que has hecho bien y que consideras bueno de ti. Por ejemplo: "he ayudado a cruzar la calle a una anciana aunque tenía prisa por llegar al trabajo así que puedo decir que me he comportado de forma altruista, empática y con sentido del deber". Intenta valorar cada pequeña acción por ridícula que te parezca y pon cada día un mínimo de 10 frases. Por ejemplo: "ayer me fui a dormir pronto y así hoy me he levantado más descansado, por tanto, puedo decir que soy una persona responsable con mi sueño y que se cuida". Así con todas las virtudes que percibas en tu día a día.

Para acabar os dejo con una frase de Brené Brown: "Háblate a ti mismo como lo harías con alguien a quien amas profundamente".

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria 16918

Escrito por

Encarni Muñoz Psicoterapia

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1 Comentarios
  • Armando

    Creo que ha plasmado de una forma ideal el que debemos querernos más a uno mismo. Gran artículo.

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