¿Cómo se determina el fin de una terapia?

Determinar el fin de un proceso terapéutico es complicado y por ello es importante conocer las principales claves para saber cuándo es buen momento de zanjar la terapia.

10 MAY 2016 · Lectura: min.

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¿Cómo se determina el fin de una terapia?

Seguramente esta pregunta sea algo que ronda por la cabeza a la mayoría de personas que están planteándose iniciar un proceso terapéutico. Y es lógico, ya que cuando se inicia terapia, uno sabe más o menos qué aspectos quiere trabajar pero no se suele tener idea de la duración del tratamiento.

El simple hecho de ver el proceso como algo que se alarga en el tiempo puede hacer que la persona se cuestione su inicio. Además, si la terapia se va a realizar en un centro privado, se añade el problema del gasto económico. No obstante, un buen profesional intenta hacer que la terapia dure el menor tiempo posible. La idea es que la persona adquiera recursos que le ayuden a resolver sus problemas presentes y pueda solucionar sus dificultades futuras.

Es muy importante aclarar que el fin de la terapia es algo que se tiene que hablar con el terapeuta. Cuando la persona decide de forma unilateral que ya no necesita más tratamiento, puede haber una posible recaída.

Siempre explico que los problemas psicológicos son como un iceberg. Los síntomas que molestan, lo que oprime, lo que hace decidir iniciar el tratamiento, no es más que la punta de ese iceberg. Terapeutas que tienen una orientación similar a la mía nos centramos en abordar lo que hay debajo de la superficie, es decir, todos aquellos rasgos de personalidad, emociones o dinámicas (sistemas) que se repiten a lo largo de toda la vida. Una persona que es insegura, por ejemplo, puede sufrir ansiedad al empezar un trabajo nuevo pero si la terapia se centra en aliviar (sólo) ese malestar y no se trabaja la inseguridad de base, el día de mañana vendrá a terapia con un síntoma nuevo, como por ejemplo, no poder encontrar pareja. Así, es muy importante que el fin de la terapia lo determine el terapeuta pero si la persona ya se siente mejor, se puede pactar y trabajar conjuntamente el momento del alta, abordando y trabajando aprendizajes realizados y adquiriendo estrategias para manejar posibles recaídas futuras.

A continuación, os doy las principales claves para saber cuándo ha llegado el momento de decir adiós a la terapia.

  1. Los síntomas por los que vine a terapia ya no me angustian o no están presentes. En la mayoría de las ocasiones la gente viene a terapia por síntomas evidentes como ansiedad, apatía, irritabilidad, problemas de sueño, exceso de preocupaciones... Un signo evidente de que se ha producido una mejoría, es cuando los síntomas por los que se venía a consulta se han reducido o eliminado. Ya no se sufren ataques de pánico, la persona vuelve a conciliar el sueño, está tranquila o en paz, etc. No obstante, éste no es un factor suficientemente importante para dejar la terapia, ya que sólo se ha resuelto la punta del iceberg, para dar por finalizada la terapia se tienen que dar otros cambios. Watzlawick habla del cambio tipo 1 y el cambio tipo 2. El cambio que se produce cuando los síntomas por los que se venía a terapia están reducidos o eliminados sería el cambio tipo 1, es decir, el más superficial ya que el sistema no se ha modificado. Hemos resuelto la punta del iceberg pero no lo que hay debajo de él.
  2. Descubro que pienso de una manera diferente o ya no me afectan las cosas de la misma manera. Éste sería el cambio tipo 2 del que hablábamos hace un momento. Pueden aparecer nuevos síntomas en función de nuevos estresores o dificultades, pero la diferencia esencial es que se ha producido un cambio interior que muchas veces no es consciente pero que hace que la persona se enfrente a la situación desde otra perspectiva. Muchos pacientes expresan que no saben qué ha pasado exactamente pero se ha producido un "click" que le hace pensar de otra manera, darle menos importancia a las cosas o vivir historias pasadas desde otro punto de vista. Uno se ha reconciliado con su pasado, ha cambiado aspectos de su personalidad que no le gustaban o que quería cambiar pero había algo que no le dejaba hacerlo. Es decir, se ha elaborado y trabajado la parte no visible de ese iceberg.

Cuando se produce el cambio tipo 2, tanto terapeuta como paciente están de acuerdo en dar por finalizada la terapia ya que la persona se siente en paz y segura de sí misma. Puede parecer que este cambio sea cuestión de años, pero a no ser que haya algún trastorno de personalidad, el trabajo puede realizarse en unos pocos meses.

Es importante destacar que decir adiós a la terapia no tiene porqué ser algo definitivo. Se puede volver a pedir cita y de hecho, es importante hacer seguimientos cada cierto tiempo para valorar la continuidad del cambio. Si sientes que estás de nuevo con dificultades, no te preocupes y vuelve a pedir un seguimiento, aunque sean sesiones puntuales.

Encarni Muñoz

Psicóloga sanitaria 16918

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Escrito por

Encarni Muñoz Psicoterapia

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