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Amante de una persona casada: sus razones, personalidad y objetivos

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Los motivos para implicarse en un triángulo amoroso son diversos pero destacan el autoengaño y la justificación de la persona casada como víctima.

17 jul 2019 · Lectura: min.
Amante de una persona casada: sus razones, personalidad y objetivos

Según datos de un estudio sobre infidelidad en personas casadas realizado en México y publicado por el Instituto de Psiquiatría Ramón de la Fuente, el 70% de las mujeres y el 90% de los hombres han sido infieles al menos una vez en su vida. Los principales motivos para engañar a la pareja son insatisfacción sexual, dedicar más tiempo al trabajo que a la pareja y, en algunos casos, la venganza.

Los hombres suelen ver reforzada su virilidad cuando cometen adulterio ya que culturalmente se les inculta que cuantas más mujeres pasen por su cama, más hombres son. "Algunos estudios indican que mientras ellos lo hacen para refrendar su hombría y buscar placer, las mujeres desean cariño, comprensión y afecto", indica José de Jesús González Núñez, presidente del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social.

"Las causas de la infidelidad son lógicas: cuando una o las dos personas dejan de amarse, lo cual es derivado por la falta de afecto, por una baja autoestima o por la llegada de los hijos o cuando se descuida por esta razón a la pareja. También son motivos las disfunciones sexuales, o bien, por una adicción compulsiva al sexo, entre otros factores".

¿Y qué pasa con la persona amante en este triángulo amoroso?

Según la doctora en Psicología Clínica e Investigación, Inmaculada Jáuregui Balenciaga, autora de la investigación 'La figura de la persona amante en la infidelidad: la otra cara del narcisismo', suele decir ser, especialmente al inicio de la relación, poco consciente de en dónde se está metiendo. En algunos casos entrevistados para el estudio, los personas amantes desconocen si su conquista está soltero/a o casado/a porque simplemente omiten este dato. Parece que ojos que no ven, corazón que no siente. La doctora Jáuregui concluye, tras entrevistar a numerosos amantes, que se trata de personas enamoradas, pese a lo que se suela creer. Además, suelen actuar en contra de sus creencias y valores porque saben que están formando parte de un engaño pero que continúan con ese tipo de relación porque se sienten correspondidos y usan el autoengaño como mecanismo de defensa. 

Este mecanismo de defensa se pone de relevancia cuando de manera unánime ninguna de las personas amantes entrevistada experimentan esa triangulación como tal. Incluso sorprende el hecho que entre estas parejas se hable de pactos de fidelidad cuando ambos a ciencia cierta saben que hay relaciones fuera de esa relación, ya sea con el cónyuge oficial en el caso del que engaña o con otras personas en el caso del amante.

La figura del amante-redentor

La persona que entra en un triángulo amoroso como amante tiende a justificar las mentiras de su pareja porque la identifica como 'víctima' de una relación de pareja que no funciona, que no tiene futuro, que es asfixiante e insatisfactoria. Entonces se ven a sí mismos como la figura redentora que mientras salva a esa persona a través de esa relación, se salva a uno mismo.

Tal y como apunta la investigación de Jáuregui, la persona amante es, generalmente, una persona vulnerable que no está satisfecha del todo con su vida laboral y/o sus relaciones interpersonales. Así, encuentra en el triángulo amoroso una tabla de salvación a la que aferrarse para superar su propia crisis existencial.

Cuando se supera la primera etapa de enamoramiento y satisfacción sexual mutua, automáticamente nos encontramos el proceso de 'oficializar' la relación. Este punto suele acarrear mucha frustración porque es muy poco problable que una relación extramatrimonial culmine como relación oficial y/o sea públicamente aceptada (con o sin matrimonio de por medio). 

No poder oficializar la relación muchas veces es motivo de consulta psicológica. Por una parte no se pretende terminar con la relación y el hecho que sea clandestina no parece que suponga ningún problema ya que nació con esta característica. Lo que se va buscando en terapia es la manera de gestionar la frustración y la distancia. Incluso también puede darse el caso en que la psicoterapia sirve para encontrar una opinión experta que evalúe si hay o no amor o bien gestionar el final de la relación porque la otra persona ha decidido volver con su pareja.

Lo que empieza como algo libre, acaba en dependencia

Podemos advertir en cuadro de dependencia emocional hacia la persona casada. Esto se traduce en la insistencia para mantener una relación asimétrica y en la intensificación del cuadro ansioso - evitante. Llega a un punto en que la relación se vuelve tóxica ya que es un círculo vicioso de pasión, discusión y reencuentros que no sale de ahí, nunca llega a oficializarse de cara a familiares o amigos. "Las personas amantes se entregan y se dan como en una relación amorosa oficial mientras que las personas infieles parecen inscribirse dentro de una orientación más narcisista por recibir aquello que les falta para tenerlo todo", indica el estudio.

La persona amante, así, desconoce o niega la dominación que está sufriendo porque las reglas las impone la persona casada sin dejar margen de maniobra. La amante se adapta a estas reglas sin ser consciente de cómo va modificando su disponibilidad y su carácter. Se convierte, pues en una persona con una gran inseguridad notable que dedica toda su energía en esa relación, aunque es consciente de que no recibe de vuelta lo que le correspondería.

Este tipo de dominación es perfecta porque no es física, al contrario, se trata de todo un entramado de manipulación mental y afectivo en el que las personas caen voluntariamente, pensando que en todo momento son libres. La relación extramatrimonial es, al final, un ejemplo más de trastorno narcisista: tanto la persona infiel como su amante se mueven por el principio de placer inmediato y no por el de realidad, que implicaría empatía con las personas afectadas. 

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