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¡No seas ‘enfadica’! ¿Aprendemos a controlar los enfados?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Si te fijas con detalle, hay personas que pasan gran parte de su día enfadada. Casi todo les molesta.

16 NOV 2018 · Lectura: min.
¡No seas ‘enfadica’! ¿Aprendemos a controlar los enfados?

Enfadarse es una emoción natural que surge como respuesta a lo que uno entiende que es una provocación o una molestia.

Hay personas a las que el tráfico o esperar en una cola les parecen tremendamente incómodo y otras a las que les da igual esperar. Así que los motivos por los que habitualmente se enfada la gente no son universales, ni por su contenido ni por su intensidad. Cuando te enfadas, tu cuerpo reacciona de forma similar a como reacciona con la respuesta de ansiedad. Es decir, te alteras. Nadie se enfada entrando en estado de flow y sintiendo una paz absoluta. Enfadarse es algo bastante incómodo para uno mismo y para los que comparten su vida o trabajo con el "enfadica".

Uno puede enfadarse por miles de cosas: porque los planes no salen como tenías ideado, por un conflicto con alguien del trabajo, porque un amigo no ha contado contigo, porque en el restaurante donde comías había ruido, porque llegas tarde, porque en un restaurante falla el servicio, porque te cancelan un viaje, por tener que esperar, porque te faltan el respeto, etc.

Existen cientos de oportunidad durante el día para despertar tu lado ogro. Pero, ¿te has planteado que eres tú el que decide qué situaciones van a sacar de ti el genio y cuáles no? ¿Sabes que enfadarte es algo que puedes controlar si tú lo deseas?

La mayoría de los que se enfadan con frecuencia suelen tener un locus de control externo. Echan la culpa de su enfado al entorno sin darse cuenta de que es la propia interpretación que ellos hacen de ese entorno lo que les lleva a perder los papeles, a sentirse irascibles o a estar de morros tres días. Y así es, es el valor que das a lo que te rodea lo que lleva a desencadenar tu respuesta de enojo. No son los demás, no es el tráfico, no es tu jefe, no es la vida injusta, eres tú y aquello a lo que das valor.

¿Te atreves a elegir no enfadarte? Supondría perder esa parte desagradable y victimista que te muestra ante los demás como alguien de difícil convivencia o de trato incómodo.

Dejar de enfadarte no supone dejar de renunciar a lo que tú crees que es importante. Solo supone aprender a expresar tu enfado de forma asertiva, de tal manera que puedas elegir tú las batallas en lugar de que sean ellas las que te elijan a ti.

Recuerda que no todo en la vida depende de ti y mucho menos puedes controlar el entorno y la vida a tu antojo.

¿Cómo podemos aprender a controlar los enfados?

  • Analiza qué ha pasado y piensa en el valor que tiene. ¿De verdad es tan importante? ¿Lo seguirá siendo mañana? ¿De verdad que tu enfado tiene un sentido?
  • Anticípate. Si sabes que la situación que vas a vivir puede ser un estímulo incómodo para ti, prepárate. Tanto si es un proceso de negociación, una charla incómoda con algún familiar, como una norma que tengas que poner a tus hijos o algo por lo que les tengas que regañar. Lo mejor es pensar la manera tranquila de llevar la situación. Piensa en los inconvenientes que pueden surgir y ten preparadas soluciones.
  • Tienes más paciencia de la que imaginas, solo tienes que entrenarla. La persona que habitualmente salta no lo tiene que pensar, actúa con el modo "si esto me pincha, salto". Pero existen otras alternativas de reaccionar, incluida la paciencia. Piensa antes de hablar.
  • Las palabras no se las lleva el viento y dejan cicatrices. "Es que pego un grito y me quedo más a gusto que todo". Sí, ya, pero los demás se quedan bastante fastidiados. La conducta impulsiva, por norma general, siempre te va a traer consecuencias negativas.
  • No levantes la voz. El grito no corrige, el grito no abre los ojos. El grito humilla y baja la autoestima de la persona con la que te relacionas. Gritar es el recurso fácil de los que se enfadan con frecuencia.
  • Practica técnicas de regulación emocional. Desde el yoga, pasando por técnicas de meditación, relajación o practicar deporte. Existen infinitas formas de reducir la actividad de tu sistema nervioso de forma natural. Gritar no es un ansiolítico.
  • Aprende a comunicarte y a entenderte con la gente. La amabilidad, la educación y una comunicación asertiva nunca fallan.
  • Utiliza el humor y aprende a ver la parte humorística de la vida. Ej: Si te enfada el "pollo" que te monta el niño/a, lleva un peluche de un pollo, sácalo y dile que tu pollo va a sentarse con el suyo y los 4 vais a esperar a que se le pase. Con humor, sin rabia …
  • Cámbiate la etiqueta. A partir de hoy quedas oficialmente bautizado como alguien divertido y paciente, que rara vez se enfada y pierde los papeles. Así que no tienes un plan B, solo el A, que supone comportarte conforme a tu nuevo rol. ¿Y si la posibilidad de enfadarse no fuera posible? Piensa en las alternativas y cómo las pondrías en práctica y trata a partir de ahora de ser esa persona.

Animo con el entrenamiento de "no ser enfadica", ¡¡es posible!!

Muchas Gracias

Myriam Casillas

psicólogos
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MundoPsicologos.com

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1 Comentarios
  • Bruno.Monica.

    Me vienen muy bien esos consejos.me enfado muy fácil. .tambien se me pasa fácil.

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