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¿Quieres ser feliz? Abraza más

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Al abrazarnos o acariciarnos nuestro cerebro segrega oxitocina, una hormona que nos produce alegría y felicidad.

29 MAR 2018 · Lectura: min.
¿Quieres ser feliz? Abraza más

La felicidad es una cuestión hormonal. De eso no hay duda. Hormonas como la endorfina o la serotonina actúan en nuestro estado de ánimo y nos producen sensación de bienestar y felicidad.

Con la oxitocina sucede algo parecido. La mayoría de las personas, sobre todo las mujeres, la asocia a la dilatación y el parto, pues es la que producimos de manera natural, o nos administran, para provocar las contracciones que ayudarán al bebé a nacer. Pero esta hormona desarrolla un papel muy importante también en nuestro estado anímico, ya que es la encargada de las muestras de afecto y cariño que profesamos a aquellos que nos rodean. Quizá el ejemplo del nacimiento nos sirve para ilustrar mejor que nada lo que exponemos: la oxitocina que genera nuestro cerebro, o que nos inyectan para acelerar en parto, es la que nos hace llorar de alegría y felicidad cuando sentimos a nuestro hijo, cuando nos ponen su cuerpecito en brazos por primera vez; es la que incrementa esa sensación de bienestar, cariño y protección que experimentamos cuando vemos al recién nacido y lo cogemos. Y ello a pesar del dolor y del agotamiento del parto.

¿Cómo funciona la oxitocina?

Esta hormona se produce en el hipotálamo y es liberada en nuestro organismo por medio de la neurohipófisis. La oxitocina regula nuestro sistema nervioso central; por ello es la encargada de las emociones que sentimos en distintos ámbitos de nuestra vida, como las relaciones sociales o personales, la vida sexual o el instinto de protección que desarrollamos hacia nuestros hijos.

Además de con el parto, la oxitocina se segrega por otros modos: cuando tenemos sexo o cuando nos dan un abrazo, por ejemplo. De ahí que muchos profesionales la hayan bautizado también como la hormona de los abrazos, pues el contacto físico con otra persona mediante este acto es capaz de liberar oxitocina en la sangre. El porqué de ello lo encontramos en la activación de los corpúsculos del tacto, también llamados de Meissner, ante un abrazo. Estos corpúsculos no son más que las terminaciones nerviosas presentes en nuestra piel que, ante una caricia, un abrazo o un beso, reaccionan. Por eso, cuando alguien a quien queremos nos muestra su cariño por medio del contacto físico, nuestro cuerpo responde produciendo oxitocina, lo que nos provoca felicidad y alegría. Pero, además, aunque la persona que nos expresa afecto físicamente con un abrazo no nos atraiga o no sintiamos nada por ella, la sensación de bienestar y paz que experimentamos con este simple acto es tan importante que nos ayuda, incluso, a calmarnos en momentos de estrés o de miedo.

Un abrazo hace que nuestro hipotálamo segregue oxitocina, y esta hace que experimentemos felicidad y plenitud. La producción de oxitocina influye en una mayor segregación de endorfina y de serotonina y en una menor de cortisol (hormona asociada al estrés y la ansiedad), lo que se traduce en sensación de alegría, calma y felicidad.

Por tanto, estrechar a alguien, abrazarla, es la mejor manera de hacer que esa persona se sienta querida, importante y, por tanto, feliz.

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