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6 hábitos contra la depresión

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

En un estado saludable, no es la voluntad sino la búsqueda de placer la que nos pone en movimiento. Sin embargo, el deprimido está muy alejado de su cuerpo y por tanto, de su impulso vital.

28 DIC 2016 · Última modificación: 10 ENE 2017 · Lectura: min.
6 hábitos contra la depresión

La depresión es uno de los males más habituales que los terapeutas nos encontramos en la consulta. Un estado depresivo está provocado por un nivel energético muy bajo. El cuerpo funciona bajo mínimos y esto repercute en el ánimo, la vitalidad e incluso la salud. La respiración del deprimido es superficial y aporta una cantidad insuficiente de oxígeno por lo que no se pueden realizar debidamente las funciones vitales con la correspondiente decadencia corporal, mental y física. En un estado de depresión profunda, la persona no tiene fuerzas ni para moverse, logrando sólo hacerlo para trabajar a base de fuerza de voluntad.

Normalmente, cuando la persona no consigue ser funcional y su voluntad ya no es capaz de movilizarlo para cumplir con sus obligaciones es cuando se acude a un especialista. En un estado saludable, no es la voluntad sino la búsqueda de placer la que nos pone en movimiento. Sin embargo, el deprimido está muy alejado de su cuerpo y por tanto, de su impulso vital y autorregulación, lo que le hace incapaz de disfrutar de lo que hace, de gozar de la satisfacción del esfuerzo o la creatividad. Comprender los factores que hacen que la persona se haya alejado de sí mismo hasta el punto de sumirse en una depresión requiere de un proceso profundo de terapia y de la orientación de un profesional, pero hay algunos factores que pueden ayudar a evitar o mejorar el estado depresivo.

1. Ejercicio físico

El ejercicio moviliza la energía corporal, aumenta la capacidad respiratoria y, por tanto, la entrada de oxígeno, elemento fundamental para el buen funcionamiento físico, mental y emocional. Está demostrado que las personas sedentarias padecen más riesgo de desarrollar una depresión que las que hacen ejercicio de forma regular. Al contrario de lo que cabría pensar desde el punto de vista mecanicista, el cuerpo no funciona como una máquina que cuanto más se usa antes se rompe. Más bien al contrario, si no lo usamos, el cuerpo se atrofia. De hecho, a partir de los 25 años, la producción de tejido muscular, sólo se produce si obligamos al cuerpo mediante ejercicio. Es por ello que, de no practicar ejercicio, la acumulación de grasa y la pérdida de musculatura será inevitable, provocando una disminución del metabolismo, la fortaleza, agilidad y demás cualidades físicas lo que traerá como consecuencia un estado emocional más decaído. Se ha demostrado también la mejora del sistema inmunitario en personas que hacen ejercicio, así como un aumento en los niveles de serotonina, hormona muy relacionada con el estado de ánimo.

2. Nutrición

El ejercicio físico ha de ser acompañado de una correcta nutrición que lo sostenga. El cuerpo está constantemente produciendo células que reemplazan a las que mueren. A modo de ejemplo, podemos decir que la piel se renueva por completo al cabo de aproximadamente un mes o que los glóbulos rojos viven solo unos 120 días. En general, se suele decir que el cuerpo no tiene más de diez años, pues todas sus células han cambiado en este tiempo. Toda esta renovación celular está hecha a base de los nutrientes que aportamos al cuerpo. (proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, agua, minerales, grasas etc.) Esta cantidad ha de ser apropiada y, en la mayor parte de las personas, hay un importante déficit nutricional dada la deficiente calidad de los alimentos que ingerimos hoy en día, producidos de manera intensiva con abonos químicos, recogidos antes del punto de maduración en el cual desarrollan vitaminas y otros nutrientes y sometidos a procesos industriales que acaban con la mayoría de nutrientes que pudieran contener. Se ha demostrado la mejoría de personas deprimidas a las que se les sometió a un importante ajuste alimenticio, administrándoles elevadas cantidades de vitaminas y otros nutrientes. Recomiendo visionar "Food Matters", la cual está disponible online, para ampliar la relación entre nutrición y depresión, así como para entender la gravedad del déficit alimentario al que se nos pretende someter debido, entre otros factores, al proceso de industrialización y al interés por parte de industria farmacéutica y otros poderes de mantener a la población enferma y mermada. Para paliar el déficit nutricional, mi recomendación es consumir alimentos frescos y de cultivo local y ecológico, combinándolos con una buena complementación alimenticia -multivitamínicos, batidos nutricionales, concentrados herbales etc.-, de origen natural y con garantías suficientes. Con ello lograremos de una manera fácil y económica, aportar al cuerpo lo que necesita para su correcto funcionamiento, mejorando nuestro estado de ánimo y de salud.

3. Contacto con la naturaleza

En nuestro organismo tenemos un sistema nervioso simpático, responsable de la acción y la voluntad, y otro parasimpático, relacionado con la relajación y los procesos involuntarios del cuerpo. En nuestra sociedad, orientada a la acción y a la productividad, tenemos un desequilibrio entre ambos, inclinándonos normalmente a la simpaticotonía. En contacto con la naturaleza, nuestro mente se aquieta, el cuerpo se autorregula y conectamos con un estado de natural sosiego interno. Un estado profundo de depresión no se va a curar con un paseo por el bosque, pero sí que puede ser muy positivo para el ánimo disfrutar de la naturaleza.

4. Relaciones humanas

Estar con otras personas nos reconforta y nutre. Es muy recomendable invertir tiempo en relaciones en las que uno se sienta querido y aceptado, con las que conversar sea una inspiración para la mente, con quien, después de un encuentro, uno se siente renovado y cargado de ánimo y cariño. Por extensión, no vale la pena pasar demasiado tiempo con quien sintamos lo contrario. Si tras reiterados encuentros con algún amigo o incluso familiar, a uno lo abate el pesimismo, el sin sentido o la negatividad, será conveniente replantearse dicha relación. Cómo dice Guillermo Borja, "estamos el mundo para pasarla bien" y no vale la pena comprometer nuestra energía, limitar nuestra creatividad o disminuir nuestra vitalidad por mantener relaciones por compromiso o por apego. Sale mucho más a cuenta invertir ese tiempo y esa energía en cultivar relaciones nutritivas con las que sentirnos realizados y acompañados.

5. Meditación

La meditación no es una abstracción ni una vía de escape. Es un elemento regulador natural que equilibra y aporta claridad y sosiego, presencia y claridad. Un maestro zen dijo: No estás deprimido, estás distraído. Un estado depresivo es un estado de ausencia, la persona no está aquí sino perdida en sus ensoñaciones, en sus miedos y pensamientos limitantes. La meditación ayuda a clarificar estos estados perniciosos y es una medida fundamental de higiene emocional y mental.

6. Psicoterapia

Como ya se ha dicho, para solventar las causas profundas de una depresión, se requiere de ayuda de un profesional y de un proceso serio de autoconocimiento. La persona que ha llegado al estado depresivo, lo ha hecho debido a sus hábitos físicos, emocionales y mentales. Han sido sus creencias limitantes, sus miedos, su incapacidad para identificar lo que realmente necesita y su incapacidad de movilizarse para lograrlo las que lo han sumido en su estado. Para revisar todo ello y provocar un cambio real que se vea reflejado en cambios corporales y mentales y no solo en superficiales modelos de conducta, se requiere de técnicas y un espacio adecuado para trabajar los bloqueos físicos, las estructuras mentales y las limitaciones emocionales. Se trabajará seguramente la capacidad de autoexpresión, la agresividad reprimida, los bloqueos físicos que mantienen el cuerpo colapsado y la respiración débil, las trampas y autoengaños con los que la persona se boicotea y se brindará un apoyo amoroso, comprensivo y firme, con el cual la persona recupere la fe en la vida y la confianza en sí mismo. Es muy habitual que la persona deprimida tenga problemas de adaptación social y que algunas de sus aflicciones sean muy razonables, tales como "no me siento realizado en mi trabajo" "no encuentro personas con las que compartir realmente lo que siento" "siento que el modo de vida aceptado socialmente no tiene sentido" etc. Estas quejas pueden ser percepciones razonables que un individuo especialmente sensible -como suele ser una persona depresiva-, percibe en una sociedad profundamente neurótica. Será importante encontrar un punto de adaptación a la sociedad que permita, por ejemplo, establecer relaciones afectivas y lograr un sustento económico. Esta adaptación trascenderá la retira del mundo con la que el depresivo se defiende y también la sobreadaptación carente de criterio del individuo neurotizado.

Como conclusión, podemos decir que el estado depresivo es algo habitual y tiene solución. En cierta medida, nos afecta a todos en determinados momentos y en una cierta medida. Lo que le sucede a la persona deprimida es algo cuantitativo y no cualitativo, simplemente su grado de afección ha llegado a tal punto que lo ha colapsado. Manteniendo unos hábitos de vida sanos combinados con un estado de conciencia despierto, podremos prevenirnos sin duda del estado depresivo, conectando con nuestra sabiduría interna y logrando la mejor versión de nosotros mismos desde la que aportar algo hermoso a un mundo necesitado de lucidez.

Escrito por

David Busto Caviedes

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